Juventudes llevan la crisis climática a la Corte Mundial y a la Corte Interamericana de Derechos Humanos
Por Mariana Campos

Por Mariana Campos
Julio de 2025 estuvo marcado por dos momentos históricos: por primera vez, la crisis climática llegó simultáneamente a las dos Cortes más importantes para la justicia global y regional, la Corte Internacional de Justicia (CIJ), conocida como la “Corte Mundial”, y la Corte Interamericana de Derechos Humanos, máximo tribunal de derechos humanos en América Latina y el Caribe.
Estos fallos son fruto de años de trabajo colectivo, diplomático y jurídico en el que las juventudes pasaron de ser espectadoras a protagonistas. Quienes hoy tenemos entre 15 y 35 años somos parte de una generación que “no ha podido vivir” lo que otras sí. Crecimos viendo cómo el cambio climático dejó de ser una advertencia para convertirse en parte de nuestra vida diaria, moldeando lo que comemos, dónde vivimos y hasta cómo imaginamos el futuro.
De una idea estudiantil a las Naciones Unidas
En 2019, un grupo de 27 estudiantes en el Pacífico (Oceanía), alarmados por el impacto del cambio climático en sus comunidades, se propuso una meta ambiciosa: llevar el problema más grande del mundo a la Corte Mundial para que aclarara, por primera vez, las obligaciones de los Estados frente a la crisis climática. Así nació Pacific Islands Students Fighting Climate Change (PISFCC).
La chispa encendió un movimiento global. Con la creación de World’s Youth for Climate Justice (WYCJ), jóvenes de América Latina y el Caribe, Asia, África y Europa unieron fuerzas. El 29 de marzo de 2023, tras una campaña apoyada por más de 1500 organizaciones, la Asamblea General de Naciones Unidas adoptó por consenso la resolución 77/276, solicitando a la CIJ pronunciarse sobre las obligaciones de los Estados para proteger el sistema climático en favor de las generaciones presentes y futuras, así como sobre las consecuencias de incumplirlas.
En la CIJ, sólo los Estados y algunas organizaciones internacionales pueden presentar argumentos directos. Aun así, las juventudes encontraron la manera de estar presentes: entregaron a delegaciones estatales el Manual de Justicia Climática Juvenil, elaborado por jóvenes expertos en derecho internacional, para inspirar y reforzar sus argumentos. También impulsaron que jóvenes y comunidades afectadas fueran parte de las delegaciones en las audiencias orales.
El esfuerzo tuvo un gran impacto al convertirse en el procedimiento con más declaraciones escritas en la historia de la CIJ, con destacada participación de América Latina. La Corte subrayó que la equidad intergeneracional —proteger los derechos y el bienestar de las generaciones futuras— fue uno de los principios en los que coincidió la gran mayoría de los más de 90 Estados participantes.
La ruta regional: la Corte Interamericana
En paralelo, la Corte IDH llevó adelante el proceso consultivo sobre “Emergencia climática y derechos humanos”, impulsado por Chile y Colombia, que —a diferencia de la CIJ— sí permite la participación directa de organizaciones y personas mediante amicus curiae, escritos que ofrecen a la Corte información y argumentos relevantes para orientar su decisión.
WYCJ presentó dos amicus curiae, centrados en la equidad intergeneracional y en la eliminación de barreras que impiden a niñas, niños y jóvenes acceder a la justicia climática. En ellos se sostuvo que los Estados tienen la obligación legal, y no solo moral, de garantizar que las generaciones futuras disfruten de, al menos, las mismas condiciones ambientales que heredaron las presentes.
La participación de la organización se extendió a la audiencia pública en Barbados y a una intervención en Manaos, Brasil, donde se instó a la Corte a establecer estándares claros para proteger a la niñez y a las juventudes frente a la crisis climática.
Dos decisiones clave
En su Opinión Consultiva 32/25, la Corte IDH reconoció por primera vez el derecho humano a un clima sano, así como la equidad intergeneracional y los derechos de la naturaleza como principios centrales para la acción climática. Afirmó que la justicia climática debe trascender fronteras y que los Estados tienen obligaciones reforzadas para prevenir daños irreversibles. Además, estableció estándares para facilitar el acceso a la justicia de niñas, niños, jóvenes y futuras generaciones.
Días después, la CIJ estableció que los Estados deben actuar con la máxima ambición posible, basados en la ciencia y siguiendo principios de equidad. Señaló que el Acuerdo de París no agota sus obligaciones y que quienes más han contribuido a la crisis tienen una responsabilidad mayor para frenarla y repararla.
Estas opiniones consultivas no son meros documentos técnicos, son herramientas que establecen estándares jurídicos globales y pueden influir en legislaciones, políticas públicas, negociaciones climáticas y decisiones judiciales en todo el mundo. También abren camino para que las juventudes y las futuras generaciones vean reconocidos y protegidos sus derechos frente a la crisis climática, haciendo que sus voces lleguen hasta las más altas instancias de justicia.
De estos procesos surge la convicción clara de que la acción climática es inaplazable y de que cada voz importa. En múltiples idiomas y acentos, el mundo repite el mismo llamado: basta de excusas. El momento de actuar es ahora, porque, de no hacerlo, ningún tribunal podrá reparar lo que se haya perdido.
Este artículo forma parte del especial 24 voces del cambio climático de El Observador/ Dirigido por Berlioth Herrera/ Coordinado y editado por Michelle Soto
Sobre la autora: Mariana Campos es la coordinadora para América Latina de World´s Youth for Climate Justice (WYCJ). El World’s Youth for Climate Justice (WYCJ) es una organización juvenil internacional creada para impulsar que la justicia climática sea reconocida como un derecho y que los Estados asuman sus responsabilidades frente a la crisis climática.






