El funeral al que sí queremos asistir
Por Lina Margarita Torres

Por Lina Margarita Torres
Los funerales son momentos sombríos que nos recuerdan el paso del tiempo y nuestra vulnerabilidad. Nadie disfruta los funerales y, sin embargo, todos reconocemos que son inevitables. Este año se llevó a cabo un funeral simbólico que busca invocar esos sentimientos de tristeza y vulnerabilidad e invitarnos a cerrar un ciclo que impacta a toda la humanidad; se trata del funeral de los combustibles fósiles.
La elección es clara: a pesar de sus contribuciones, debemos sepultar los combustibles fósiles para permitir que la vida en el planeta siga siendo viable.
La meta no es fácil. Nuestros sistemas económicos y nuestra vida cotidiana están diseñados para una era fósil. Sin embargo, ante la abrumadora evidencia del impacto de estas energías en el clima de todo el planeta y el rápido desarrollo de fuentes renovables, estamos en un punto de inflexión para decir ¡no más!
La Conferencia de las Partes (COP30) se perfila como un evento crucial en esta conversación. Tras años de estancamiento, la negociación sobre la hoja de ruta para abandonar los fósiles es más urgente que nunca.
Brasil, como país anfitrión, enfrenta la presión de lograr un acuerdo relevante e histórico, mientras que su economía, grupos de interés y los Petroestados exigen mantener la explotación. En un ambiente internacional complicado, con ataques abiertos a los temas climáticos por parte de países como Estados Unidos y conflictos que alteran prioridades, surge la pregunta: ¿lograremos avanzar en esta conversación?
Recientemente, el presidente de la COP 30, el embajador André Corrêa do Lago, pidió que Belém (sede de la cumbre del clima) sea “un rito de paso para marcar nuestra transición hacia un futuro más prometedor”. Nada más apropiado que el funeral de los combustibles fósiles que la Alianza Potencia Energética LATAM organizó en colaboración con artistas locales para expresar la urgencia de esta transición.
Imaginar un futuro diferente no solo es un reto creativo; es un desafío de balance entre el presente y el futuro, la acción urgente y la viabilidad, el desarrollo económico actual y la supervivencia futura. América Latina enfrenta mitos sobre contribuciones, tiempos flexibles y costos económicos de esta transición.
Un argumento común contra la transición energética es el falso dilema de elegir entre hacer cambios ahora o esperar condiciones más favorables. Este enfoque ignora que la inacción tiene consecuencias catastróficas hoy y que cada vez que nuestros países deben asumir paquetes de deuda para reconstruirse por causa de huracanes, inundaciones e incendios, nos alejamos de la posibilidad de usar esos mismos recursos, en infraestructura enfocada a la mitigación y adaptación.
Recordemos las recientes sequías y fuegos en la Amazonia, Pantanal y el Chaco, las olas de calor récord en todo el continente, las lluvias avasalladoras en Brasil, Argentina, Chile y Colombia. ¿Cómo calculamos el costo de los impactos climáticos frente a la persistencia de los combustibles que los generan?
Aunque las balanzas comerciales de los países dependientes de los fósiles enfrentan presión, existe un riesgo creciente asociado con la inversión continua en tecnologías basadas en combustibles fósiles. A medida que el mundo avanza hacia un futuro más sostenible, estas inversiones pueden volverse obsoletas, convirtiéndose en activos “varados”. Ignorar esta tendencia no solo es un riesgo financiero, sino también una amenaza para la seguridad energética de la región.
Al contrario, la transición energética es una oportunidad para que los países en desarrollo lideren el cambio. La inversión en energías limpias puede generar millones de empleos en sectores como la energía solar, eólica, baterías, biocombustibles, electrificación del transporte, eficiencia energética, hidrógeno verde, economía de los bosques, agricultura de bajo carbono y tantas otras soluciones para el clima, deben ser la base para el desarrollo de América Latina, creando millones de empleos, miles de millones en inversión y un ambiente más saludable y seguro para nosotros y nuestros hijos.
La resistencia a abandonar los combustibles fósiles es fuerte y la transición energética implica un cambio profundo en cómo concebimos nuestra economía. Debemos imaginar y construir un sistema que priorice la sostenibilidad y la justicia social. Este reto requiere transformar nuestras percepciones y valores.
Transformar la COP30 en un funeral para los combustibles fósiles no es solo un símbolo; es una llamada a la acción. América Latina tiene la capacidad y la responsabilidad de liderar esta transición. La invitación del presidente de la COP30 y la acción artística organizada por la Alianza Potencia Energética LATAM son pasos fundamentales hacia este objetivo. Hoy, con confianza, podemos decir que este sí es el funeral al que queremos asistir y celebrar.
Este artículo forma parte del especial 25 voces del cambio climático de El Observador/ Dirigido por Berlioth Herrera/ Coordinado y editado por Michelle Soto
Sobre la autora: Lina Margarita Torres es antropóloga y politóloga. Actualmente es la directora de Programas y Socia en Movilizatorio, Colombia.





