El Observador
25 voces Cambio Climáticodomingo, 30 de noviembre de 2025

Derribar las barreras para la participación política de las mujeres es una acción climática multiplicadora, democrática y justa 

Por Ximena Loría

Tiempo de lectura: 6 minutos

Por Ximena Loría

Este 12 de diciembre se cumplen 10 años desde que 195 países adoptaron el Acuerdo de París en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático o COP21. Desde entonces, la acción climática mundial ha pasado por múltiples altibajos, que han seguido el ritmo de una situación geopolítica cambiante, cuya complejidad ha aumentado con la llegada de nuevos gobiernos, las crisis económicas, las guerras y la marcada influencia de grupos de poder para desacelerar la transición hacia energías renovables. En consecuencia, estamos en peligro de incumplir las metas trazadas en París, poniendo en peligro el bienestar y la vida de millones de personas alrededor del planeta, especialmente las más vulnerables. 

Ante la falta de ambición y la inacción de quienes deberían representar los intereses vitales de los pueblos, se hace necesaria la renovación de liderazgos y la inclusión de más voces en las mesas de decisión. 

Basta con mirar las estadísticas de participación en las negociaciones climáticas para entender donde está uno de los principales problemas: solo 8 de 79 líderes mundiales que asistieron a la COP29 en Bakú (Azerbaiyán) fueron mujeres, números que se han mantenido durante la última década, mientras que el porcentaje de participación de  mujeres delegadas se ha mantenido en un 35% durante los últimos cinco años frente al marcado aumento de hasta un 200% en el total de personas delegadas.

Es amplia la documentación que evidencia cómo las mujeres están reconfigurando las respuestas a la crisis climática. Según la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC), la participación activa de las mujeres a nivel político ha resultado en la obtención de mejores resultados en los proyectos y políticas climáticas, en una mayor respuesta a las necesidades de la población, ha incrementado la cooperación entre grupos políticos y étnicos, y ha resultado en la consecución de la paz. 

El éxito de las mujeres reside en el abordaje de esta crisis desde la vivencia propia y desproporcionada de sus impactos, en su capacidad para pensar en soluciones a largo plazo, de articular la participación de múltiples grupos y de incorporar enfoques interseccionales en reconocimiento de la desigualdad. Es por ello que la Resolución 70/1 de la Asamblea General de Naciones Unidas del año 2015 habla sobre la necesidad de brindar educación, recursos, espacios de participación política, empleos, liderazgo y empoderamiento a las mujeres para así lograr alcanzar el desarrollo sostenible.

Y a pesar de todo este reconocimiento, de los concluyentes estudios a nivel mundial y de que contamos con leyes y políticas públicas de igualdad de género, las mujeres siguen sub-representadas en los puestos de liderazgo y las razones son variadas. 

Por un lado, todavía existe la exclusión abierta de mujeres, en especial de aquellas que buscan transformar las estructuras de poder. Por otro lado, existen sesgos de género de segunda generación relacionados con las ideas culturales de lo que significa ser líder, prácticas y estructuras organizacionales hechas por y para hombres, falta de acceso a redes de apoyo político y económico y, como en un círculo vicioso, hay menos modelos femeninos de liderazgo a seguir.

Mi apuesta es clara y fundamentada: necesitamos llevar a más mujeres a los espacios donde se toman las decisiones climáticas, necesitamos más jefas de delegación y negociadoras, pero también más presidentas, diputadas, alcaldesas y gerentes de empresas. 

Debemos derribar las barreras visibles e invisibles para impulsar la participación política y gerencial de las mujeres con miras a la creación de leyes y directrices climáticamente más ambiciosas, más sostenibles en el tiempo y más justas  para las actuales y futuras generaciones.

Es por ello que desde mi organización Misión 1.5°, en conjunto con el Departamento de Participación Ciudadana de la Asamblea Legislativa, la Dirección de Cambio Climático, el Viceministerio de Juventud y múltiples aliados de cooperación internacional y organizaciones nacionales, lanzamos en el 2024 el Parlamento Joven de Mujeres por el Clima, una iniciativa de democracia participativa con enfoque de género y acción climática. 

El programa selecciona anualmente a 50 jóvenes diversas entre los 16 y 35 años de las siete provincias de Costa Rica y les brinda formación técnica en cambio climático, empoderamiento y herramientas para el desarrollo de su liderazgo ético y democrático, junto con experiencias reales de praxis parlamentaria e incidencia política. 

En su primera edición, las jóvenes parlamentarias generaron 11 dictámenes de proyectos de ley, 14 controles políticos y 11 iniciativas de ley que fueron recibidas por el Departamento de Participación Ciudadana de la Asamblea Legislativa, todas ellas sobre mitigación y adaptación al cambio climático con perspectiva de género, derechos humanos y juventud, en relación con los temas de las comisiones de trabajo: océanos y costas, movilidad, transporte e infraestructura, energía, educación y cultura,  bioeconomía y agropecuarios y seguridad alimentaria. 

El crecimiento profesional y personal de estas jóvenes en los 11 meses de duración del programa ha sorprendido a propios y extraños y ya muchas han encontrado oportunidades laborales, becas y espacios internacionales de representación de juventudes para consolidar su conocimiento y liderazgo climático.  

Pero más allá de los beneficios personales, el país y su democracia están ganando al tener mujeres jóvenes orientadas en el camino de diseñar y debatir proyectos de ley, de entrenarse en redacción inteligente y puntual para sus proyectos, de saber defender y cuestionar propuestas con el único norte de procurar el bien nacional, de establecer un diálogo respetuoso basado en ideas creativas y novedosas, de practicar la tolerancia ante las posiciones de otros, de saber llegar a acuerdos, de saber negociar con un sentido ético y de lograr comunicar efectivamente los mensajes a un público más amplio con el fin de lograr sensibilizar a la ciudadanía sobre la crisis climática.

La democracia, la lucha contra el cambio climático y la participación política de las mujeres están profundamente conectadas. Una democracia sólida permite deliberación, debate público y participación ciudadana en la creación de políticas, lo cual  fortalece la legitimidad de las decisiones climáticas y genera mayor compromiso social para implementarlas. Asimismo, la democracia provee los mecanismos de participación, rendición de cuentas y transparencia que hacen posible enfrentar el cambio climático, haciendo que  cada decisión compartida fortalezca la confianza entre la ciudadanía y las instituciones. 

Cuando más mujeres participan en la política, las leyes y políticas públicas se vuelven más inclusivas y responden mejor a las realidades de las comunidades, lo cual es clave frente a la crisis climática. 

Por todo esto, la acción climática que propongo es fundamentalmente democrática: abramos el camino al liderazgo político transformador de las mujeres para retomar el rumbo hacia la consecución de las metas del Acuerdo de París y enfrentar esta crisis desde la esperanza, el cuidado, la cooperación y la justicia social.

 


Este artículo forma parte del especial 25 voces del cambio climático de El Observador/ Dirigido por Berlioth Herrera/ Coordinado y editado por Michelle Soto

Sobre la autora: Ximena Loría es la directora ejecutiva de la organización costarricense Misión 1,5°. Misión 1.5 es una organización costarricense dedicada al empoderamiento climático, con fuerte enfoque en juventudes, mujeres y derechos humanos. Educa y sensibiliza a la población costarricense sobre la crisis climática y sus soluciones, en lenguaje sencillo. Genera espacios de participación ciudadana y formación de liderazgos, especialmente de mujeres jóvenes, para que puedan influir en políticas públicas y en la agenda climática. Promueve una cultura y economía baja en carbono, adaptación y resiliencia ante eventos extremos en Costa Rica.


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