Del Golfo de Morrosquillo al Gran Caribe: una historia que busca despertar conciencias
Julián Medina

Por Julián Medina
El Golfo de Morrosquillo está ubicado en la costa norte de Colombia, en la vertiente del Caribe. Es una zona ampliamente conocida por el turismo y por la barrera de arrecifes de coral que se encuentran en la parte norte del golfo. También es reconocida por la exportación de hidrocarburos, carbón mineral y las exploraciones off shore.
En total son diez islas que se conocen como el archipiélago de San Bernardo.
Esta región, que estaba llena de bosques de manglar y mucha biodiversidad, ha ido cambiando drásticamente su entorno por diferentes acciones, entre ellas, las siguientes:
- El calentamiento global ha incidido en estos cambios porque hemos visto como, en la barrera de coral, aquellos arrecifes que están por encima de los 30 metros están blanqueando. Ante esta situación, algunas especies de peces ya no las vemos en la cantidad que existían. El deterioro ambiental es muy notorio: los vientos son intensos, los oleajes se han incrementado y las tormentas son más agresivas, y todas estas consecuencias las está sufriendo las comunidades pesqueras. En el 2024 perdimos cuatro pescadores, los que desaparecieron en medio de una fuerte tormenta y muchos hemos estado en riesgo.
- Los vertimientos de crudo en las aguas del golfo también han contribuido con estos hechos, porque dos de los últimos derrames han generado marea negra y todos sabemos que la contaminación por estos elementos, cuando tocan playas, su acción se prolonga hasta por 12 años, causando que desaparezcan especies y atrofiando la cadena alimentaria.
- La exploración sísmica que se ha hecho cerca del parque de corales de profundidad también ha tenido un impacto negativo en nuestros ecosistemas por todo lo que significan estas explosiones en el fondo marino. En muchas ocasiones, los pescadores artesanales encontramos especies de peces Meros boyando en estado de descomposición y no sabíamos porque estaba pasando esto.
- La mayoría de las praderas del fondo marino han desaparecido por dos acciones: por la pesca de arrastre semi industrial y por la sedimentación por lodo que está cubriendo gran parte del golfo impidiendo que la luz solar llegue al fondo; esto debido a la tala de los manglares, los cuales tenían la misión de detener el sedimento pero que, al momento de eliminarlos, no hay quien cumpla con su función. La tala de los manglares para construir complejos turísticos ya contabiliza más de 5.000 hectáreas desaparecidas de estos bosques salados. Esto es un llamado de auxilio que hacen las comunidades.
- El desvío y taponamiento de arroyos y ciénagas por parte de terratenientes impide un flujo de aguas que enriquecen con nutrientes las aguas del golfo. Hoy vemos cómo todo esto se ha atrofiado. Para poder hacer estas acciones han traído búfalos, animales que no son de nuestro territorio, pero que ejercen una gran presión sobre nuestros ecosistemas.
- La acidez del océano ha aumentado, todos sabemos que el cambio climático incide mucho en este aspecto. El calentamiento del mar hace que los peces se desplacen a zonas menos cálidas, también hemos visto cómo han llegado especies invasoras a nuestro entorno.
- La exportación de carbón a través del puerto multimodal que está en el municipio de Tolú ha aumentado el tránsito marino y genera mucha más polución debido a que lo almacenan en patios a cielos abiertos. La comunidad indígena de la vereda el Palmar, en el municipio de Santiago de Tolú, están quejándose porque la tierra no produce lo que antes hacía, ellos dicen que es por la acción contaminante de este fósil. Aducen que en el entorno hay muchas personas con enfermedades respiratorias y la tierra está dañada.
- La planeación del “desarrollo” de la región no ha sido la mejor: trazaron carreteras por zonas de manglar, aumentando de esta manera la invasión de estos importantes bosques. Ubicaron áreas de explotación industrial en caladeros de pesca, generando áreas restringidas para que los pescadores artesanales no lleguen a ellos. Esta misma industria se ha apoderado de terrenos que son de la comunidad, engañando y dividiendo a las comunidades.
Las consecuencias de todas estas acciones han llevado al deterioro ambiental y a los cambios drásticos del territorio, al igual que a la invasión de personal foráneo que ha traído como consecuencia la drogadicción, la prostitución y el aumento de la violencia.
Es indispensable que nos juntemos para tratar de recuperar la biodiversidad del ecosistema y de esa manera aportar en la disminución de acciones para así poder tener una esperanza de vida.
Como ven, sólo dos de las ocho acciones que enumeré anteriormente tienen que ver con el cambio climático. La mayoría son acciones que se relacionan a la visión de desarrollo que impera en el mundo, un “desarrollo” basado en una alta dependencia a los combustibles fósiles que termina vulnerando los territorios y comprometiendo los derechos humanos de las comunidades.
¿Qué estamos haciendo? Las comunidades de los cuatro municipios que conforman al Golfo de Morrosquillo están uniendo acciones para reclamar sus derechos ancestrales. Muchos líderes coinciden en que debemos trabajar juntos para recuperar la biodiversidad del entorno; somos conscientes que si hacemos esas acciones puede regresar la productividad pesquera y agrícola de la región.
Y no estamos solos. Nuestra historia, tristemente, se repite a lo largo de América Latina y el Caribe. Por esa razón, los pescadores artesanales nos hemos unido a la Red del Gran Caribe Libre de Fósiles –donde también hay presencia de pescadores costarricenses– para abogar por una transición energética justa, ecológica y popular en la región.
Este artículo forma parte del especial 24 voces del cambio climático de El Observador/ Dirigido por Berlioth Herrera/ Coordinado y editado por Michelle Soto
Sobre el autor: Julián Medina es pescador artesanal colombiano y líder de la Asociación ASOPARGOLMO.






