Volver al origen para cuidar la vida
Harold Ipuchima

Harold Ipuchima
Desde la primera Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano, celebrada en Estocolmo (Suecia) en 1972, hasta la reciente COP16 que tuvo lugar en la ciudad de Cali, Colombia; los líderes gubernamentales, las organizaciones internacionales y los medios de comunicación han señalado la necesidad urgente de tomar acciones globales para proteger la biodiversidad.
Estas acciones deben estar sustentadas en políticas y prácticas que promuevan un equilibrio sostenible entre el desarrollo y la conservación ambiental. Sin embargo, los acuerdos de las conferencias parecen no cumplirse.
La extinción de especies nativas y la crisis climática dejan dos mensajes claros: 1) No se puede hablar de derechos humanos sin garantizar los derechos a la naturaleza; 2) Debemos volver a nuestros orígenes y reivindicar los sistemas de conocimiento de los pueblos indígenas, quienes a pesar de ser invisibilizados, de sufrir conflictos bélicos y de ser víctimas de las prácticas económicas voraces por parte de transnacionales respaldadas por legislaturas de Estados, somos los principales protectores de la biodiversidad.
Para salvar el planeta, necesitamos escuchar y aprender de los sistemas de conocimiento de los pueblos indígenas. Es necesario un enfoque holístico para proteger, cuidar y sanar la vida en todas sus dimensiones: el aire, el agua, las especies nativas y la conexión ecosistémica. Esto cobra aún más relevancia cuando entendemos que los pueblos indígenas somos protectores de la biodiversidad global.
Aunque en la COP16 el movimiento indígena participó como actor no vinculante, los espacios de diálogo, como la Zona Verde, permitieron que nuestras propuestas fueran escuchadas. Allí destacamos la necesidad de reconocer y respaldar los sistemas de conocimiento y gobierno propio como elementos clave para alcanzar las 23 metas del Convenio sobre la Diversidad Biológica.
Este respaldo no puede ser simbólico ni superficial. Es fundamental que los pueblos indígenas sean socios en la implementación de este Convenio, no simples acompañantes. Los gobiernos deben colaborar de manera directa en la construcción de nuevos marcos normativos que aseguren la protección de la biodiversidad y mitiguen los efectos del cambio climático.
Las negociaciones sobre el nuevo marco global deben priorizar la implementación de estrategias para superar la crisis de biodiversidad, evitar la pérdida de conectividad ecosistémica y la extinción a gran escala de la flora y fauna. Además, un tema central para los pueblos indígenas es la creación de mecanismos para la protección, formulación y gestión del agua.
Ahora bien, la materialización de las propuestas requiere de acceso directo y flujos de financiamiento sin intermediaciones. De acuerdo a datos estimados del movimiento indígena, de todos los recursos para la protección del medio ambiente solo el 1% llega directamente a los territorios originarios.
Para forjar relaciones armoniosas que permitan cumplir las 23 metas del Convenio sobre Diversidad Biológica y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), en especial los relacionados con agua limpia y saneamiento, energía asequible y no contaminante, acción por el clima, y la protección de los ecosistemas terrestres; son esenciales el respeto y la reivindicación de la soberanía y autodeterminación de los pueblos indígenas, junto con una verdadera voluntad política y financiera por parte de los gobiernos para el cuidado de la vida.
Este artículo forma parte del especial 24 voces del cambio climático de El Observador.
Dirigido por Berlioth Herrera/ Coordinado y editado por Michelle Soto
Sobre el Autor
Harold Ipuchima, es líder indígena colombiano, miembro de la Organización Nacional Indígena de Colombia- ONIC






