El Observador
24 voces Cambio Climáticodomingo, 16 de febrero de 2025

La adaptación al cambio climático demanda organización comunitaria

Jane Segleau, docente UCR

Tiempo de lectura: 6 minutos

Jane Segleau Earle

El cambio climático, creado por el exceso de gases de efecto invernadero en el planeta, es terriblemente real, indudablemente urgente y enormemente preocupante para quienes sufriremos su impacto. Al mismo tiempo, es impredecible: nadie puede especificar a mediano plazo el clima exacto en un lugar específico. No sabemos cuándo vendrá la inundación, ni qué río crecerá y cuál no. No sabemos cuáles cultivos fallarán. No sabemos la resistencia del techo de nuestras casas ante un huracán. Sólo sabemos que ese huracán vendrá algún día.

Las acciones que se realizan en el mundo para mitigar el cambio climático han progresado, pero no es suficiente según el informe del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) del 2023. La falta de decisión y acciones reales afectará a todo el globo, pero en especial, a las comunidades más expuestas y a las personas más vulnerables dentro de esas comunidades. 

Con cada grado de calentamiento aumentan también los riesgos para todos los seres vivos en el planeta y disminuye la efectividad de las medidas de adaptación. Según el IPCC, limitarnos a un aumento de 1,5 grados requiere “reducciones profundas y casi inmediatas de la producción de gases de efecto invernadero.”

Costa Rica está entre los países más vulnerables ante el cambio climático. Sabemos que la agricultura se afecta actualmente y que las afectaciones se profundizarán en el futuro. 

Los huracanes Nate (en el 2016, 2.541 personas rescatadas) y Otto (en el 2016, al menos 9 muertos) nos alertaron sobre inundaciones, deslizamientos, afectaciones de casas, puentes y caminos. El huracán Nate se considera uno de los de mayor impacto sobre el país: afectando a 76 cantones, dejando a 506.000 personas sin agua y daños por millones de dólares.  

Por otro lado, las sequías han generado déficit hídrico afectando el abastecimiento de agua de las comunidades, este año de forma dramática especialmente para los vecinos de los barrios de Hatillo, 15 de Setiembre y Sagrada Familia en San José con cortes de agua de más de 12 horas seguidas y quienes han tenido que recurrir a la protesta para ser escuchados. 

¿Estamos organizados para hacer frente a tantas adversidades? ¿Estamos diversificando la agricultura de cada región para enfrentar los cambios actuales y futuros? ¿Ya hemos desarrollado variedades resistentes a la sequía? ¿Ya se revisaron y reforzaron los puentes? ¿Estamos seguros de que ninguna casa está suficientemente cerca de un río como para ser arrastrada? ¿Las comunidades saben qué hacer en caso de tener que enfrentar un huracán? ¿Sabemos hacer cosecha de agua? ¿El Instituto de Acueductos y Alcantarillados (AyA)  y las Asociaciones Administradoras de Sistemas de Acueductos y Alcantarillados Comunales (Asadas) ya han aumentado su capacidad para proveer agua ante veranos muy fuertes? 

Evidentemente, son muchas las tareas pendientes. ¿Y estas necesidades ya están presupuestadas? ¿Ya están en los planes de los gobiernos locales?

Recordando que el mayor impacto del cambio climático será en las comunidades más vulnerables, ¿están organizadas las comunidades para asegurar sus alimentos, proteger sus casas, su infraestructura? ¿Tienen planes de adaptación al cambio climático? ¿Están comunicados vecino con vecino para ofrecer su apoyo y solidaridad en cualquier momento?

Ante estas preocupaciones y muchas otras más, queda clara la importancia de organizarnos en nuestras comunidades y cantones. Para este fin, la Universidad de Costa Rica, desde su Recinto en Guápiles, Sede del Atlántico, impulsa un proyecto de Adaptación al Cambio Climático entre Sarapiquí y Siquirres

Actualmente, funciona de una manera muy sencilla. Hemos ido aglutinando a las personas interesadas en el tema (un tema que es difícil de abrazar por lo espinoso) en una red que se comunica mediante WhatsApp. 

La primera prioridad es poder compartir información certera sobre el tema entre las diferentes personas, entre las cuales encontramos representantes comunales, miembros de Asadas y educadores. Dos veces al año nos reunimos y aprendemos de expertos invitados sobre temas de nuestro interés. Difundimos oportunidades de financiamiento a proyectos de adaptación, que esperamos cada día sean más. Capacitamos a quienes nos lo solicitan sobre cambio climático, y siempre se van sumando más personas a la red. De esta manera, poco a poco y de forma participativa, vamos despertando a quienes pueden ayudar a liderar los cambios que necesitamos.

Al mismo tiempo, reconocemos que es tanto lo que hay que hacer y a veces parece abrumador, pero queremos confiar en nuestra creatividad y la suma de voluntades. Iniciamos en 2022 y nuestra red está creciendo. Soñamos con buscar apoyos para financiar proyectos de diversificación agrícola, fortalecimiento de las Asadas locales y mejoramiento de las capacidades de las asociaciones de desarrollo para enfrentar desastres.

De la forma más dialéctica, la realidad del cambio climático nos regala la visión más esperanzadora: comunidades solidarias, con soberanía alimentaria, conciencia ambiental y resiliencia ante los desastres. Personas con los valores que nos deben acompañar en un futuro incierto: resiliencia, solidaridad, y generosidad. Especialmente, personas que desde sus diferentes quehaceres procurando el cuidado de la naturaleza que es la que nos nutre y sostiene cada día. 

Las personas, las familias, las comunidades, venimos a esta tierra a florecer.




Este artículo forma parte del especial 24 voces del cambio climático de El Observador/ Dirigido por Berlioth Herrera/ Coordinado y editado por Michelle Soto

Sobre la autora: Jane Segleau Earle es docente de la Universidad de Costa Rica

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