El Observador
24 voces Cambio Climáticodomingo, 14 de septiembre de 2025

Armonía climática, imposible en tiempos de sobreconsumo

Valentina Paris

Tiempo de lectura: 6 minutos

Por Valentina Paris

En Costa Rica, cada habitante genera en promedio 0,73 kg de residuos al día, cifra que varía según la zona del país y los patrones de consumo. Cada día consumimos más, por tanto, generamos más residuos, situación que nos ha llevado al acelerado agotamiento de los sitios de disposición final. Se proyecta que, en dos o tres años, podrían no existir espacios para construir nuevos rellenos sanitarios.

Pese a esta realidad, seguimos descartando casi todo lo que generamos: más del 80% de los residuos valorizables terminan en rellenos. Es decir, materiales con potencial económico y ambiental –como el plástico, el papel, el vidrio o el aluminio– son tratados como si no sirvieran. Esta es una contradicción profunda en un país que ha construido una narrativa verde, pero que sigue –al igual que la mayoría de países de Latinoamérica– atrapado en un modelo de consumo, o sobreconsumo, lineal.

Durante décadas, se nos ha dicho que el reciclaje de residuos es “la” solución. Y aunque separar limpio, seco y por tipo es un paso necesario, no es suficiente. Primero, porque sólo un 4–5% de la población está dispuesta a realizar estas acciones para reducir sus impactos. Segundo, porque seguimos elaborando productos con sobreempaque y con materiales difíciles de reciclar. Por eso, el reciclaje es apenas una etapa de contención dentro de una cadena de decisiones que empieza mucho antes: cuando elegimos qué y cuánto consumir, a quién comprarle y con qué frecuencia. Por más bien intencionado que sea, el reciclaje no resuelve la crisis climática; la mitiga y parcialmente.

Lo que realmente puede marcar la diferencia es una transformación sistémica: cambiar los patrones de consumo, rediseñar los productos desde su origen, decrecer en un aparato productivo incesante y asumir corresponsabilidad entre empresas, Estado y ciudadanía.

Con esta visión nació ecoins en 2018, un programa que desde el inicio buscó articular a todo el ecosistema del reciclaje bajo una misma narrativa y con un objetivo claro: poner a las personas en el centro de la gestión de residuos. Una pregunta clave orientó nuestra propuesta: ¿cómo incentivar que más personas quieran hacer lo correcto?

Así surgieron los ecoins como puntos que se otorgan a quienes entregan residuos valorizables, limpios, secos y correctamente separados en lugares autorizados. Con estos puntos, las personas pueden participar en sorteos mensuales en comercios aliados.

La respuesta fue inmediata. Más de 25.000 personas se sumaron en el primer mes. Hoy, somos más de 119.000 personas registradas. Pero no es suficiente.

Separar para reciclar es parte del camino, no el destino final. Necesitamos hablar también de consumo responsable, de educación ambiental que cuestione las lógicas de usar y tirar, y de regulación que obligue a los sectores productivos a pensar cuánto producen, qué empaques utilizan, cómo reducirlos al mínimo y, finalmente, a hacerse cargo de sus impactos post consumo.

Cada producto que consumimos contribuye directa e indirectamente al aumento de la temperatura del planeta. Y si cada vez consumimos más y descartamos más residuos, ¿cómo pretendemos que la temperatura se estabilice? El planeta nos está hablando de manera contundente; no podemos seguir con las mismas conductas y esperar resultados diferentes.

Cada vez que dejamos de adquirir algo por impulso y no por necesidad, cuando elegimos un producto reutilizable en lugar de uno de un solo uso, estamos sumando. Cada vez que cuidamos lo que adquirimos para que dure más, reparamos antes de descartar o separamos y entregamos nuestros residuos de forma correcta, estamos enviando un mensaje. Cada vez que cuestionamos la lógica del sobreconsumo y el descarte, nos convertimos en parte de la solución. En estas acciones radica el poder del consumidor en favorecer un cambio, en no comprar a empresas poco responsables y apoyar aquellas que siguen principios de economía circular.

Porque la armonía climática no se alcanza con discursos verdes ni con pequeños gestos aislados: se construye con cambios profundos en la forma en que consumimos, producimos y convivimos.

Y mientras sigamos atrapados en el ciclo de comprar, usar y tirar, esa armonía será inalcanzable.

 

 


 

Este artículo forma parte del especial 24 voces del cambio climático de El Observador/ Dirigido por Berlioth Herrera/ Coordinado y editado por Michelle Soto

Sobre la autora: Valentina Paris es coordinadora de ecoins en Costa Rica.



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