El Observador
24 voces Cambio Climáticodomingo, 29 de diciembre de 2024

Transición energética: Una oportunidad única en la historia que no podemos desperdiciar

Por Cristóbal Díaz, fundador y director ejecutivo de la organización Artyc de Chile.

Tiempo de lectura: 6 minutos

Por Cristóbal Díaz

Imagínense un mundo donde la energía no es un privilegio, sino un derecho. Un mundo donde el aire que respiramos es limpio y el agua que bebemos es pura. Un mundo donde las comunidades tienen el poder de decidir sobre su futuro energético. Suena a utopía, ¿verdad? Pero esta visión está más cerca de lo que pensamos. 

La transición energética justa es nuestra oportunidad de construir ese mundo, un mundo donde el desarrollo económico y la protección del medio ambiente van de la mano sin entorpecer la vida de miles de especies. Es un sueño, pero también podría ser una realidad.

Aún estamos a tiempo, aún podemos virar a ese rumbo y como continente tenemos todo para dirigir este gran desafío en materia de desarrollo sostenible. Es un proceso colectivo donde las comunidades locales son parte activa de la transición energética y trabajan directamente con organizaciones de base, gobiernos locales, y comunidades científicas, artísticas y educativas, movilizando esfuerzos para asegurar que esta transición sea justa, respetuosa y beneficiosa con las comunidades, el medio ambiente, los ecosistemas, las especies y las diversas economías de los países latinoamericanos.

En este gran camino hacia la Transición Energética Justa, es necesario instalar como un puntapié básico la protección de la biodiversidad de especies, las comunidades y sobre todo de las comunidades originarias. Así y solo así podríamos llamarla una transición justa. 

Sobre esta idea, es importante que las personas que pretenden acaparar los poderes, como el poder político, mediático y los grandes capitales, comprendan que no son el centro de las decisiones del planeta. Y son los poderes de la naturaleza y de las comunidades originarias, quienes han estado presentes resguardando nuestra casa y son sus conocimientos ancestrales los que nos guiarán en estos tiempos.

Nuestro continente, es rico en recursos y culturas, con comunidades que se levantan día a día luchando por un futuro mejor que les incluya y, pese al colonialismo persistente en nuestros Estados y gobiernos, aún existen comunidades indígenas que desempeñan un papel clave en la construcción de un futuro más equitativo y sostenible. Es fundamental que trabajemos en conjunto con ellas, reconociendo su sabiduría y asegurando que sean parte integral de un futuro respetuoso para todos y todas.

El tiempo es vertiginoso y en pocos años nos hemos dado cuenta que los seres humanos repetimos ciclos de autodestrucción. Las guerras que hoy inundan las redes sociales con imágenes brutales e insoportables de los bombardeos a civiles, afortunadamente, no vienen de nuestras tierras. 

Pero nuestro continente está agitado, todos los países tienen sus propios problemas de violencia interna, sin embargo, si hay algo que nos caracteriza y nos sirve para pensar y concretar acciones que nos lleven hacia mejores oportunidades, son nuestra historias ceñidas a la liberación de los imperios colonizadores, nuestros recursos, las comunidades indígenas y una latinoamérica que necesita llegar al desarrollo. 

Somos un continente milenario, que no tiene por qué repetir la historia de otros territorios, lo podemos hacer de una manera distinta y esta es la oportunidad que debemos aprovechar para guiar la mayor transformación de nuestros tiempos hacia un desarrollo justo. 

El peso de estas palabras y de esta misión nos inspira. No es tan difícil darse cuenta que debemos levantar voluntades distintas entre sí, muchas. Estamos convencidos de que podemos liderar este trance y que podríamos servir de ejemplo para poder pensar en un futuro que nos incluya a todas y todos. Esto no es sinónimo de lentitud o de pobreza, es riqueza en todos los sentidos.

Con la COP16 que se celebró en Colombia en octubre pasado y Brasil como anfitrión tanto de la Cumbre del G20 como de la COP30, este es el momento propicio para liderar y fomentar una colaboración regional que impulse el avance de la transición verde a nivel local y regional. Es fundamental rechazar las antiguas estructuras de poder, asegurando que los beneficios de este progreso se queden en la región, promoviendo el desarrollo productivo local, disminuyendo las desigualdades y demostrando el valor de la cooperación internacional en un escenario de creciente incertidumbre geopolítica.  

No podemos dejar pasar esta oportunidad única. Debemos mostrar que una transición justa es viable promoviendo el uso sostenible de nuestra biodiversidad. Podemos alcanzar el tan ansiado desarrollo gestionando nuestros recursos de manera ética, y liderando en la conservación de la biodiversidad terrestre a nivel global. 

Latinoamérica ya cuenta con 5 millones de kilómetros cuadrados de áreas protegidas en tierra y 10,7 millones de km² en áreas protegidas marinas. Es decir, más del 21,4% del territorio latinoamericano está bajo alguna forma de protección destinada a su preservación. Debemos seguir aumentando estas cifras, profundizar e invertir en la restauración y remediación de los territorios sacrificados y contaminados.

Es esencial que América Latina avance unida entre todos sus actores, hacia una transición energética justa. Compartir experiencias, conocimientos ancestrales, tecnologías y recursos permitirá que la región se posicione en el contexto global. Solo a través de este enfoque colaborativo podremos avanzar hacia modelos de generación de energías más respetuosos con todas las formas de vida en el planeta.

 

 


Este artículo forma parte del especial 24 voces del cambio climático de El Observador/ Dirigido por Berlioth Herrera/ Coordinado y editado por Michelle Soto

 

Sobre el autor/  Cristóbal Díaz es el fundador y director ejecutivo de la organización Artyc de Chile. Ha trabajado en promover la protección y conservación de ecosistemas, comunidades y pueblos originarios, así como también el cierre de centrales termoeléctricas a carbón en Chile y el mundo.

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