El Observador
24 voces Cambio Climáticolunes, 11 de noviembre de 2024

Meterle gas a la crisis climática

Carolina Sánchez. Coordinadora de la Iniciativa Gran Caribe Libre de Fósiles 

Tiempo de lectura: 6 minutos

Carolina Sánchez

En los últimos años ha surgido la propuesta de utilizar el gas fósil en Costa Rica como combustible de transición energética, argumentando que es menos contaminante que el petróleo y, por lo tanto, debería ser nuestro “combustible puente”. Sin embargo, esta idea se basa en conceptos errados que no reflejan los avances en la investigación sobre los impactos ambientales de este hidrocarburo.

Es cierto que el gas fósil, al quemarse, emite menos dióxido de carbono (CO2) en comparación con el petróleo. A primera vista, esto podría parecer una característica ventajosa. No obstante, el gas fósil también libera metano, un gas de efecto invernadero (GEI) con un potencial de calentamiento global aproximadamente 84 veces mayor que el CO2, en un horizonte de 20 años. Por ello, lejos de ser una opción limpia o sostenible, las decisiones a favor del gas natural le meten el acelerador a la crisis climática.

Claro que existen otras industrias que también producen metano como la ganadería o incluso las plantas hidroeléctricas por la descomposición de la materia orgánica, pero la discusión que deberíamos estar teniendo es cómo reducimos la producción de metano en esas industrias, no cómo incentivamos la creación de nuevas fuentes de metano.

El gas fósil se utiliza actualmente en diversos países para la producción de electricidad, calefacción, enfriamiento, cocción, procesos industriales y, en menor medida, en vehículos como Gas Natural Licuado (GNL), no Gas Licuado de Petróleo (GLP) que es el conocido en Costa Rica. 

Para muchas de estas naciones, optar por el gas fósil fue una decisión válida en su momento, ya que anteriormente producían electricidad a base de carbón, una opción mucho más contaminante.

Al apostar hace décadas por la transición del carbón al gas fósil, estos países desarrollaron una infraestructura robusta para la producción y distribución de este hidrocarburo. Sin embargo, esta infraestructura poco a poco quedará relegada, ya que esos mismos territorios están realizando esfuerzos para transicionar hacia energías renovables.

Costa Rica, por su parte, ha logrado una generación de electricidad mayoritariamente renovable desde hace casi una década. A partir de esta base sólida, el país puede aspirar a metas más ambiciosas, potenciando el uso de energía solar y eólica, y explorando el uso de almacenamiento, biomasa o hidrógeno verde.

Desarrollar infraestructura para explotar, producir y distribuir gas fósil en Costa Rica sería un retroceso innecesario. No tiene el más mínimo sentido construir gasoductos, reservorios y otras instalaciones para un mercado inexistente en nuestro país, y cuya demanda además se proyecta que disminuirá a nivel mundial en 2050, creando con esto un riesgo importante de activos varados para el país.

Panamá ha realizado una gran inversión para posicionarse como un fuerte proveedor de gas fósil en la región. Su nueva infraestructura facilita el almacenamiento y transporte a puertos de este hidrocarburo. Esta situación impacta a Costa Rica en dos puntos: primero, evidencia a un competidor superior por ubicación (Canal de Panamá) y con capacidades ya instaladas; segundo, permite que las pocas empresas que hoy puedan necesitar gas fósil en nuestro país (como las productoras de metales o vidrio) puedan importarlo desde la nación vecina.

Lo cierto es que gasificar el país es carbonizar el país y retroceder en nuestra imagen de nación referente en crecimiento sostenible. Es desaprovechar el recurso renovable, que es abundante en nuestra tierra, e ignorar el paso natural que como humanidad debemos de estar dando, no sólo porque es lo correcto sino porque además generará mayores réditos para Costa Rica. 

Sólo un dato a manera de ejemplo: al comparar los escenarios de energías renovables frente al gas natural, según Naciones Unidas, el número de empleos generados por el despliegue de las energías renovables es 98 veces superior a corto plazo y 82 veces superior en 2050. 

Resulta evidente que cualquier propuesta energética para Costa Rica debe estar enfocada a la expansión de nuestra capacidad de generación eléctrica de fuentes limpias y renovables, así como al aprovechamiento y uso eficiente de la electricidad que produzcamos, invirtiendo directamente en las tecnologías del futuro, sabiendo que el rédito de la inversión está asegurado y que el impacto social y ambiental de la inversión es mucho mayor.

 


Este artículo forma parte del especial 24 voces del cambio climático de El Observador. Dirigido por Berlioth Herrera/ Coordinado y editado por Michelle Soto

Sobre la autora. Carolina Sánchez es comunicadora del movimiento Costa Rica Libre de Perforación y coordinadora de la Iniciativa Gran Caribe Libre de Fósiles 

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