Las crisis del cambio climático y la pérdida de biodiversidad deben abordarse de forma simultánea
Vincent Gitz es el director regional para América Latina y director global de plataformas y asociaciones de CIFOR-ICRAF

Vincent Gitz
El cambio climático y la pérdida de biodiversidad son dos de los desafíos más urgentes de nuestro tiempo, y ambos están interrelacionados. Para empezar, a menudo se deben a las mismas causas, como la deforestación y la degradación forestal.
Además, se refuerzan mutuamente: el cambio climático empuja bruscamente a los ecosistemas fuera de sus condiciones normales, a un ritmo al que plantas y animales no pueden adaptarse, perturbando sus relaciones y comprometiendo servicios ecosistémicos vitales de los que todos dependemos. A su vez, la pérdida de biodiversidad y la degradación de los ecosistemas comprometen su capacidad de adaptación y de almacenamiento de carbono.
Y, por último, aunque esto son más bien buenas noticias, las acciones sustentadas en los ecosistemas pueden hacer frente tanto al cambio climático como a la pérdida de biodiversidad, así como a una serie de retos medioambientales, sociales y económicos de forma sostenible: a estas les llamamos soluciones basadas en la naturaleza (SbN).
El principio de las SbN reconoce que los ecosistemas con un alto grado de integridad, que sustentan una comunidad diversa de organismos nativos, están mejor equipados para resistir y adaptarse a las presiones provocadas por el cambio climático, para apoyar la adaptación de las sociedades humanas y para almacenar carbono, por ello son más urgentes que nunca.
Por ejemplo, los bosques con gran diversidad tienen mayores márgenes de adaptación a las distintas condiciones climáticas. Una mayor reserva de recursos genéticos proporciona al bosque en su conjunto una mayor capacidad de adaptación, incluida una mejor resistencia a los brotes de plagas, cuya frecuencia e intensidad aumentan con el clima cambiante. Estos bosques proporcionan múltiples bienes y servicios, entre ellos, como sumideros, absorbiendo una cantidad significativa del dióxido de carbono producido por las actividades humanas. Si los bosques pierden su integridad a causa de la deforestación o la degradación, disminuye esta capacidad, lo que amplifica el calentamiento global.
En otro caso, la degradación de los manglares y los arrecifes de coral compromete la supervivencia de las múltiples especies marinas que dependen de ellos como zonas de alimentación o reproducción, muchas de las cuales son también fuente de alimentos e ingresos para las poblaciones locales, además de reducir su capacidad de protección frente a las tormentas y la erosión, dejando a las comunidades costeras más vulnerables al aumento del nivel del mar y a los fenómenos meteorológicos extremos.
Es la integridad del ecosistema lo que le permite mantener sus funciones y seguir prestando servicios vitales tanto a la naturaleza como a los seres humanos —lo que la Plataforma Intergubernamental Científico-normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) define ahora bajo el amplio concepto de “contribución de la naturaleza a las personas”—.
Las medidas encaminadas a proteger, restaurar y mejorar la integridad y diversidad de los ecosistemas son fundamentales tanto para la adaptación al cambio climático como para su mitigación.
El fundamento de las SbN puede aplicarse a todo tipo de ecosistemas, desde bosques prístinos hasta las zonas urbanas. Además, tiene un potencial importante para la agricultura y la agroforestería, que gestionan la mayor parte del sector del uso de la tierra.
Pero es importante resaltar que fomentar las SbN significa trabajar con la naturaleza, no contra la naturaleza. Y significa trabajar para las personas que viven de la naturaleza.
Los bosques y los árboles ocupan un lugar especialmente destacado entre las SbN dado que —cuando se gestionan adecuadamente— proporcionan múltiples beneficios para el clima y la biodiversidad, junto con importantes ventajas económicas y sociales. Por ejemplo, los ecosistemas de manglares proporcionan medios de vida esenciales para las poblaciones locales, y son fundamentales para la seguridad alimentaria y la nutrición.
Del mismo modo, la restauración de los bosques en tierras degradadas puede apoyar los medios de vida a través de la gestión sostenible de la madera y productos forestales no maderables, y crear puestos de trabajo a lo largo de las cadenas de valor de la bioeconomía, especialmente en las zonas rurales donde las oportunidades de empleo pueden ser limitadas.
La agroforestería y los árboles en las explotaciones agrícolas, incluidos los sistemas silvopastoriles, tienen un inmenso potencial como SbN para la agricultura. Por ejemplo, en Brasil, un equipo de CIFOR-ICRAF está evaluando el potencial de un sistema agroforestal de cacao y aceite de palma en el noreste del estado de Pará. Los árboles de cacao, que son cada vez más vulnerables al cambio climático, tienen más posibilidades de sobrevivir a una sequía cuando crecen a la sombra de las palmeras de aceite, usualmente cultivadas como monocultivos.
Los sistemas agrícolas diversificados pueden ofrecer mejores rendimientos, así como alimentos más variados y nutritivos disponibles para los mercados locales y nacionales. Además, los sistemas agroforestales almacenan más carbono por hectárea, mejoran la salud del suelo y resisten mejor la erosión, así como las plagas y enfermedades de los cultivos.
Las SbN con bosques y árboles son más rentables que las soluciones de ingeniería. Se sabe que restaurar los humedales para protección frente a las inundaciones es más barato que construir y mantener represas; que mantener bosques sanos para regular el agua y reducir la erosión es más barato que construir y poner en funcionamiento plantas de tratamiento; y que mantener áreas verdes dentro y alrededor de las ciudades es más barato que instalar y alimentar sistemas de aire acondicionado a gran escala.
Pero las SbN no son una solución milagrosa. Trabajar con la naturaleza requiere un diseño cuidadoso. Cambiar las prácticas de gestión, desde las fincas —como implementar la agroforestería— hasta los paisajes —como restaurar manglares o bosques— da resultados a largo plazo, pero a menudo implica altos costos iniciales y costos de oportunidad para los gestores de los ecosistemas. Por ello se requiere una compensación adecuada por dichos costos, y reglas justas del juego entre los gestores locales y los inversores externos del paisaje.
Los mercados voluntarios de carbono, los créditos de biodiversidad y los mecanismos innovadores de financiación —como los pagos por servicios ecosistémicos (PSE) o los bonos verdes— pueden proporcionar los recursos externos y las inversiones necesarias para los proyectos de SbN. Pero estos mecanismos deben funcionar primero para los administradores locales de la naturaleza, los pequeños agricultores y silvicultores, los pueblos indígenas y las comunidades locales.
En CIFOR-ICRAF hemos elaborado una lista de principios para la participación en los mercados de carbono que pueden contribuir a asegurar que los proyectos tengan efectos positivos para las personas y los paisajes, y así evitar algunos de los problemas que han sido destacados en los medios de comunicación y que han puesto en tela de juicio su utilidad.
Estos principios, que son integridad, credibilidad, atención a las comunidades locales, equidad, transparencia y la buena gobernanza, son válidos tanto para los mercados de carbono como para los de biodiversidad. Si se siguen y aplican también para las SbN, pueden garantizar que estas conduzcan efectivamente a un espacio de beneficio mutuo para todos los actores, tanto locales como fuera del territorio, frente al reto de abordar las crisis de biodiversidad y cambio climático.
Por ello, las soluciones basadas en la naturaleza que realmente pueden traer beneficios para las personas y a la naturaleza se basan en el profundo conocimiento de cómo funciona la naturaleza y qué márgenes tiene la humanidad para gestionarla de forma correcta.
La ciencia cumple un papel fundamental para que esos conocimientos sigan avanzando, además de la movilización de los actores en todos los niveles, desde los agentes y comunidades locales hasta el reconocimiento y el apoyo nacionales e internacionales.
Bien diseñadas, las SbN pueden ser el camino para enfrentar estas dos crisis interrelacionadas, que ponen al planeta y sus habitantes en peligro, de forma simultánea y urgente.
Este artículo forma parte del especial 24 voces del cambio climático de El Observador. Dirigido por Berlioth Herrera/ Coordinado y editado por Michelle Soto
Sobre el autor: Vincent Gitz es el director regional para América Latina y director global de plataformas y asociaciones de CIFOR-ICRAF. CIFOR-ICRAF es una institución de investigación científica de renombre mundial que se enfoca en el estudio y manejo sostenible de bosques, árboles y sistemas agroforestales. Cuenta con más de 65 años de experiencia combinada en investigación forestal y agroforestal. Tiene sedes principales en Indonesia y Kenia, con oficinas en 25 países y más de 700 empleados trabajando en 60 países del sur global.






