La literatura como vehículo para la acción climática
Katiana Murillo Aguilar es periodista y escritora

Katiana Murillo Aguilar
El Acuerdo de París, adoptado en 2015, no sólo es reconocido por poner al mundo en ruta hacia las metas climáticas que debemos alcanzar si deseamos mantener el calentamiento global dentro de límites saludables y evitar los impactos más drásticos del cambio climático.
El Acuerdo de País también coloca a la acción climática como un asunto que va más allá de la tarea de los gobiernos y, por ende, una responsabilidad de la ciudadanía, no importa su ámbito de acción.
Esto significa que debemos romper burbujas y paradigmas para sensibilizar sobre este tópico.
Tradicionalmente, el tema del cambio climático ha sido uno de los más técnicos y complejos. Tiene que ver con muchísimas disciplinas, desde las ciencias naturales hasta la diplomacia y la economía. Es también uno de los campos que parece tener su propia jerga, una muy difícil de entender y seguir para quienes no están familiarizados y, por ende, poco atractiva para el gran público, el cual también está llamado a tomar responsabilidad y adaptarse.
¿Cómo llegar a ese público más amplio, entonces? Sin duda, la comunicación, la educación ambiental e incluso el arte en todas sus formas, tienen una gran tarea por delante para conquistarlo, pero deben hacerlo de forma creativa, yendo más allá de lo tradicional, de lo ya dicho e intentado, para convertir este tema en uno atractivo y apetecible, en especial para las nuevas generaciones.
Las emisiones siguen creciendo, al igual que los impactos del cambio climático, prueba de que lo realizado hasta la fecha no ha sido suficiente para inclinar positivamente la balanza. Se necesita una nueva conciencia y acción que sean colectivas. Y para eso hay que llegar a los distintos públicos, no esperar a que estos se interesen en lo que muchas veces no resulta atractivo y paraliza, en vez de estimular a la acción.
Ahí es donde entran también otras disciplinas poco exploradas hasta la fecha. Una de ellas es la literatura, en especial la infantil y juvenil, que pueden explicar temas como biodiversidad y cambio climático a las nuevas generaciones de una forma que genere conciencia, pero a la vez entretenga, entusiasme y brinde esperanza.
Es una forma también de popularizar el conocimiento científico para tomar acción y que no quede solamente en artículos académicos.

En Busca del Sapo Dorado, literatura infantil.
Con este fin, escribí el cuento infantil/juvenil En busca del sapo dorado (publicado por Clubdelibros), que explica –por medio de la aventura de una niña en la Reserva Biológica Bosque Nuboso Monteverde– qué está sucediendo con ese ecosistema y sus especies a raíz del cambio climático y otras amenazas.
Pero, el mensaje va más allá: qué podemos hacer para evitar que otras especies sufran la misma suerte del sapo dorado, el gran protagonista de esta historia, que podríamos decir fue la primera víctima del cambio climático en Costa Rica debido a un hongo que se extendió por el aumento en las temperaturas.
Esto lo sabemos por la ciencia y aquí es donde se unen la literatura y las ciencias naturales para explicar de una forma distinta y amena para un público de pocos años lo que está sucediendo y cómo actuar.
Una segunda experiencia de libro se está desarrollando con el apoyo del Colegio de Costa Rica del Ministerio de Cultura y Juventud. Trata sobre la tortuga baula y está dirigido a un público infantil/juvenil de la zona costera de San Cruz, en Guanacaste, quienes son los vecinos del Parque Nacional Marino las Baulas de Guanacaste.
Este parque nacional protege no sólo una de las principales playas de anidación en el Pacífico de la tortuga marina más grande del mundo, en grave peligro de desaparecer, sino también ecosistemas únicos, como uno de los últimos reductos de bosque tropical seco en Centroamérica. Sin embargo, sufre grandes presiones por el desarrollo inmobiliario y turístico y también por los efectos del cambio climático.
Crear apropiación y orgullo por esta riqueza natural y su defensa por parte de las futuras generaciones es vital para lograr cambios. Y tomando en cuenta que ambos cuentos se ubican en zonas turísticas, también poseen –en el mismo libro– una versión en inglés, con el fin de alcanzar a un público más amplio.
Ambos han recibido, asimismo, la curaduría científica de especialistas; el primero, de Alan Pounds, científico residente de la reserva Monteverde; y el segundo, de los investigadores de la organización The Leatherback Trust, lo cual es de suma importancia para transmitir la información de forma correcta, ya que los personajes son caricaturas, pero se comportan y se ven como las especies reales.
Y a la dupla ciencia-arte también se une la participación de organizaciones de la sociedad civil que cuentan con programas de educación ambiental, como es el caso, en Monteverde, del Centro Científico Tropical y, en Guanacaste, de Sostenibilidad en Grande y la Asociación de Desarrollo Específico Conservación del Medio Ambiente de Playa Grande.
Los libros, con el respaldo, además, de la editorial ClubdeLibros y la Red de Comunicación en Cambio Climático (LatinClima), están presentes en ferias nacionales y regionales, con una versión digital para distribución, ya que una difusión mayor potenciará su impacto.
Costa Rica ya está posicionada altamente en temas de ciencia natural y si parte de la literatura que se produce en el país se desarrolla también en esta línea para llegar a niños y jóvenes, tanto nacionales como extranjeros, el cambio que promueve el Acuerdo de París y su forma de lograrlo puede ser apropiado desde ya por las nuevas generaciones.
Este artículo forma parte del especial 24 voces del cambio climático de El Observador. Dirigido por Berlioth Herrera/ Coordinado y editado por Michelle Soto
Sobre la Autora: Katiana Murillo Aguilar es periodista, escritora y profesional en turismo ecológico.






