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Editorialdomingo, 17 de agosto de 2025

Editorial | Inversión extranjera: una alerta temprana para Costa Rica

El país está ante una decisión de fondo: seguir confiando en inercias pasadas o construir un entorno que asegure inversiones de largo plazo y empleo de calidad.

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En julio, el Banco Central informó que la inversión extranjera directa (IED) que ingresó al país durante el primer trimestre del 2025 cayó un 25% respecto al mismo periodo del 2024.

Las empresas internacionales invirtieron $921 millones entre enero y marzo, frente a los $1.235 millones del año anterior. Cinde calificó esta baja como “una señal de alerta, no de alarma desmesurada”, pero lo cierto es que se trata de la mayor caída trimestral en cinco años.

El dato llega acompañado de decisiones que han golpeado la confianza. Intel y Qorvo, dos compañías emblemáticas en alta tecnología, anunciaron el cierre o traslado de sus operaciones de manufactura hacia Asia. Ambas coincidieron en que allí encuentran un ecosistema más maduro, con proveedores cercanos, talento especializado y costos operativos más competitivos.

Costa Rica lidera a nivel mundial en dependencia del capital estadounidense: el 58% de los proyectos de inversión provienen de ese país. Esta concentración deja a la economía expuesta a los vaivenes de Washington.

La política arancelaria del presidente Donald Trump ha introducido incertidumbre en la región. A ello se suma la apreciación del colón, que según el Banco Mundial erosionó en un 12% la competitividad de las exportaciones durante 2023. Factores externos que, combinados, ponen en cuestión la sostenibilidad del modelo.

El Country Risk Atlas 2025 de Allianz Research identifica tres rezagos estructurales: infraestructura, energía y educación.

El 37% de la red vial está en mal estado; los puertos y aeropuertos operan al límite de su capacidad. En educación, pese a invertir el 6,3% del PIB, los resultados de aprendizaje siguen rezagados frente a los estándares de la OCDE. Y en energía, aunque Costa Rica presume una matriz limpia, los costos eléctricos son elevados y la dependencia de la hidroelectricidad la hace vulnerable al cambio climático.

A esto se suma la inseguridad. La Cepal advirtió que, si el crimen organizado y la violencia no son enfrentados con contundencia, podrían erosionar el clima de negocios y afectar la reputación internacional del país.

Una oportunidad para rectificar

No todo son señales negativas. Costa Rica ocupa el tercer lugar mundial en rendimiento de atracción de inversión según el índice Greenfield 2025, y lidera en América Latina. Sectores como dispositivos médicos, farmacéutica y servicios corporativos siguen mostrando resiliencia y capacidad de crecimiento.

El reto es evitar que esas fortalezas se diluyan por falta de acuerdos en los grandes temas nacionales. La confrontación política, el bloqueo legislativo y la ausencia de consensos solo refuerzan la percepción de que el país no avanza al ritmo que demanda la competencia global.

El retroceso en la IED no debe leerse como una catástrofe, pero sí como un recordatorio de que Costa Rica no puede vivir de su prestigio histórico. Los inversionistas de hoy buscan no solo estabilidad democrática, sino infraestructura eficiente, seguridad, talento humano de calidad y reglas claras.

El país está ante una decisión de fondo: seguir confiando en inercias pasadas o construir un entorno que asegure inversiones de largo plazo y empleo de calidad.

La caída del 25% en la IED es un llamado a reaccionar. Ignorarlo sería irresponsable. Atenderlo con visión de futuro, en cambio, puede convertirse en la oportunidad para reimpulsar la competitividad de Costa Rica.

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