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Desde la columnadomingo, 19 de octubre de 2025

Editorial | La baja en la visitación turística exige reacción: el turismo ya no vive del relato

Si queremos que la “pura vida” siga siendo una promesa creíble y no un eslogan vacío, debemos actuar ya

Editorial El Observador

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Durante años, el turismo fue la gallina de los huevos de oro de Costa Rica: una industria que genera empleo, divisas y prestigio internacional. Sin embargo, 2025 vino a recordarnos que ningún sector es inmune. Mientras en el mundo la visitación crece, el país enfrenta una desaceleración sostenida que debe encender todas las alarmas.

El descenso no es anecdótico. Los datos del Instituto Costarricense de Turismo (ICT) y del Banco Central muestran que, hasta agosto, las llegadas por vía aérea caen en torno al 2%, con meses consecutivos en números rojos. En paralelo, el turismo mundial sigue avanzando y América Latina retoma su dinamismo.

Los empresarios del sector no hablan de “mala suerte”. Apuntan con claridad a los factores que erosionan la competitividad: un colón apreciado, la inseguridad y el rezago en infraestructura. Y los tres se retroalimentan.

El tipo de cambio es la primera sombra. En los últimos tres años el colón se fortaleció más de un 20% frente al dólar, con una apreciación de aproximadamente ¢158,7 por dólar, encareciendo al país en términos relativos. Lo que para el consumidor nacional puede parecer una buena noticia —importaciones más baratas— para el turista es una barrera. Tamarindo, por ejemplo, apareció recientemente como el destino más caro de 40 analizados por una consultora británica, por encima de Nueva York o Dubái. Es un dato simbólico, pero ilustrativo de una percepción que se expande: Costa Rica es un destino caro.

El Banco Central finalmente inició la ruta de reducción de la Tasa de Política Monetaria (TPM). Era un movimiento necesario, aunque tardío. El problema no fue haberla subido cuando la inflación lo exigía, sino mantenerla demasiado alta, demasiado tiempo. Esa rigidez encareció el crédito, afectó la inversión y acentuó la entrada de capitales que fortalecen el colón, en detrimento del turismo y las exportaciones.

La política monetaria no debe pensarse solo en términos de estabilidad de precios, sino también de equilibrio productivo. Costa Rica necesita que el tipo de cambio recupere una franja competitiva si quiere mantener viva su principal industria de servicios.

Seguridad e infraestructura: los otros cuellos de botella

El turismo también resiente el clima interno. Los reportes de robos, asaltos y homicidios en zonas turísticas se han vuelto demasiado frecuentes. Lo que en otros tiempos era excepción, hoy daña la marca-país. Sin seguridad, no hay experiencia sostenible posible.

A ello se suma el rezago estructural en infraestructura. Carreteras estrechas y colapsadas, puertos que operan al límite, aeropuertos que crecieron menos que la demanda y un transporte público fragmentado restan fluidez y encarecen la operación turística. La inversión en conectividad interna debe considerarse una prioridad económica, no un lujo.

El ICT insiste en que 2025 cerrará con un crecimiento del 1,7% en llegadas aéreas gracias a nuevas rutas y campañas promocionales. Ojalá así sea. Pero sería un error leer ese leve repunte como un cambio de tendencia estructural. El turismo no se recuperará por inercia ni por marketing, sino por decisiones firmes en tres frentes: estabilidad cambiaria razonable, seguridad efectiva y modernización de infraestructura.

Costa Rica no puede seguir vendiendo la misma historia sin actualizar su libreto. La naturaleza y la paz son ventajas, pero no sustituyen la competitividad. Si queremos que la “pura vida” siga siendo una promesa creíble y no un eslogan vacío, debemos actuar ya. El turismo no puede seguir viviendo del relato, sino de resultados.

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