El Observador
24 voces Cambio Climáticodomingo, 20 de octubre de 2024

Comprendiendo el valor del conocimiento ancestral en la conservación de la biodiversidad

Maricela Fernández, lideresa indígena costarricense

Tiempo de lectura: 6 minutos

Por Maricela Fernández Fernández

Cuando el camino se abrió en nuestra comunidad, en seguida entró la venta de alcohol, invasión, robo y venta de nuestras tierras. En lugar de  irme o dejar que la situación continuará, formé un grupo con otras mujeres para luchar, recuperar, cultivar y comercializar nuestra tierra. 

Como lideresa de un pequeño grupo de mujeres en Gavilán Canta, en Talamanca, creo que esta práctica cultural ancestral ha sido clave no solo para defender nuestra tierra, sino para mantener su biodiversidad de tantas amenazas. Este conocimiento es crucial para nuestra misión de proteger y conservar la tierra en todas partes. 

Nuestro conocimiento ancestral es heredado —como la forma de conservar la naturaleza, preservar las semillas, trabajar con las fases de la luna, qué hacer y qué no hacer al plantar, la espiritualidad, la conexión con la Madre Tierra, la relación con el bosque–. Estas prácticas ancestrales es algo que nuestros ancestros, abuelos y padres nos enseñaron desde muy pequeños y aunque podemos enseñar prácticas de conservación y técnicas agrícolas culturales, es importante entender que también tenemos una conexión profunda con la naturaleza a través del bosque, que es aún más amplia y espiritual.

Desafortunadamente, las generaciones más jóvenes carecen de este conocimiento, lo cual es preocupante porque, al no practicarse ni transmitirse, se podría ir disipando poco a poco. Y es que, todo esto que está en nuestras raíces tiene un impacto que trasciende la teoría, está ligado con la conservación y preservación de la biodiversidad.

La razón principal por la que las comunidades indígenas y los bosques existen, aún hoy en día, es el poder de este conocimiento práctico que hemos buscado mantener vivo y replicar en nuestros hijos; solo así seguiremos conservando nuestros recursos naturales. 

Esta misma preservación nos ha permitido ampliar nuestro conocimiento respecto a cuáles árboles producen alimentos, cuáles son buenos para los animales, cuáles son medicinales y qué plantas usar para sanar o bien, cuáles no son favorables para el consumo. 

A nosotros nos enseñaron cómo producir con prácticas ancestrales. Por ejemplo, nuestro Sistema Ancestral de Siembra tiene cinco categorías: Witö,que es el espacio más cercano a la casa, donde se cultivan las plantas de uso más frecuente, tanto comestibles como medicinales; Sa Delí, un espacio para la crianza de animales como aves, cerdos y cabras; Chámugrö o Tsirugrö, una finca integral con productos permanentes como el cacao, banano y árboles frutales; Teitö o Bulurú, espacios donde se siembran granos básicos y tubérculos con técnicas que permiten rotar la tierra; y Sá Chä, un territorio de uso colectivo y solidario que incluye el Käbata (bosque), Karkía (árboles maderables) y Ká dí eme (fuentes de agua), un lugar de alto contenido espiritual donde es necesario realizar una ceremonia y una oración antes de entrar.

De igual manera, para nosotros es sumamente relevante proteger las fuentes de agua, por lo que no cortamos árboles cerca de manantiales o arroyos. 

Comprendemos que todo está conectado con nuestros sistemas de manejo forestal. Para preservar la biodiversidad, debemos entender la interrelación entre las plantas, los animales, los peces y nosotros mismos. Esto comienza con cómo protegemos y conservamos nuestras semillas.

El maíz “pintadito”, por ejemplo, representa la diversidad de la que todos nacemos. Sus diferentes colores—amarillo, morado, negro, blanco, rosa—manifiestan la diversidad de la humanidad, y esto simboliza que todos somos hermanos y hermanas. No obstante, de forma desafortunada, la discriminación y la falta de respeto por el conocimiento indígena continúan siendo problemas.

Algunas personas usan químicos que contaminan el agua, haciéndola insegura para la pesca. Nosotros alertamos a las comunidades cuando los peces no son seguros y las motivamos a adoptar prácticas que protejan el medio ambiente. Para nosotros, el bosque es como una ferretería natural.

Ahora, queremos que otros se enfoquen también en fortalecer el conocimiento ancestral. Las organizaciones deben diversificar y asociar los cultivos con prácticas ancestrales, ya que esta es la mejor manera en que los pueblos indígenas hemos sobrevivido y la solución más favorable para la biodiversidad.

Es hora de que los gobiernos y los cooperantes internacionales reconozcan el trabajo de nosotros los pueblos indígenas en la conservación y protección de los recursos naturales, la biodiversidad y los ecosistemas, apoyando nuestros esfuerzos  en la conservación y la producción cultural.

Como mujeres indígenas, heredamos el clan, transmitimos el conocimiento cultural y nos aseguramos de que nuestros hijos aprendan estas prácticas, que son esenciales para sostener la agricultura y la biodiversidad. Nuestro trabajo es vital para el suelo, el bosque, la naturaleza y la biodiversidad. Es hora de reconocer los grandes esfuerzos realizados por las mujeres indígenas en estas áreas.

Si no conservamos, protegemos y transmitimos este conocimiento, ¿quién lo hará? 

Necesitamos dejar de dar recursos a intermediarios y asegurarnos de que lleguen a las comunidades y organizaciones que realmente están trabajando para sostener este planeta. 

Actualmente, tenemos diferentes iniciativas de conservación, transmisión, reforestación y otras, pero no recibimos financiación para este trabajo. A pesar de esto, continuaremos trabajando, porque así siempre lo hemos hecho, nunca ha sido por el dinero, creemos que es hora de que nuestro conocimiento sea reconocido y utilizado para ayudar a todos a defender este único planeta nuestro y su biodiversidad natural.

 


Este artículo forma parte del especial 24 voces del cambio climático de El Observador. Dirigido por Berlioth Herrera/ Coordinado y editado por Michelle Soto

Sobre la autora. Maricela Fernández Fernández es una lideresa indígena cabécar de la comunidad de Gavilán Canta, Talamanca, Limón. Es presidenta de la Asociación de Mujeres Kábata Könana y representa a las mujeres cabécares en el Foro Nacional de Mujeres Indígenas.

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