El Observador
24 voces Cambio Climáticodomingo, 12 de enero de 2025

Amor en clave de danta: la historia de una simbiosis en peligro de extinción en una tierra entre volcanes

Por Esteban Brenes

Tiempo de lectura: 6 minutos

Esteban Brenes-Mora

Dondequiera que vivan las dantas o tapires, vive la esperanza de los bosques tropicales. Esta esperanza viene en forma de un precioso paquete lleno de semillas y nutrientes que constituyen la clave para mantener y restaurar los bosques tropicales. 

El paquete se conoce comúnmente como estiércol. Un estiércol fantástico, añadiría yo. Las dantas, arquitectas de los bosques, ayudan a esparcir los nutrientes necesarios para mantener vivos los bosques, simplemente comiendo y excretando.

Y aunque los tapires ayudan a mantener vivos los bosques de todo el mundo, su estiércol tiene un valor especial en la cordillera de Guanacaste, en Costa Rica. En estas montañas, la supervivencia de los raros, endémicos y amenazados árboles Jícaro Danto (Parmentiera valerii) depende de las dantas, hasta el punto de que el árbol ha evolucionado para seducirlas, haciendo crecer en sus troncos frutos dulces en forma de pepino llamados «jícaro» o «cacho», una verdadera delicia para los tapires.

Las dantas desafían a la física, utilizando su anatomía de formas inimaginables para alcanzar los mejores frutos del jícaro. Tras localizar los frutos gracias a su agudo olfato, los tapires se ponen de pie, apoyando más de 285 kilos en sus dos patas traseras, para alcanzar el tronco del árbol con sus pezuñas delanteras y utilizar su hocico prensil para agarrar el preciado jícaro.

El tapir es el único herbívoro capaz de romper la dura cáscara del fruto y llegar al núcleo blando, donde pequeñas semillas en forma de corazón esperan a ser ingeridas. Esta recompensa no sólo proporciona energía y nutrientes a las dantas, sino que también permite que estos pequeños corazones sean procesados y entregados a kilómetros de distancia del árbol parental. Al ser ingeridas por los tapires, aumentan las posibilidades de que las semillas germinen y crezcan. En otras palabras, ¡las dantas están literalmente repartiendo amor!

Por desgracia, esta «simbiosis encantadora» está en peligro; tanto los tapires como los jícaros están catalogados como especies en peligro de extinción con poblaciones en declive en la Lista Roja de la UICN. Necesitamos proteger a los tapires para salvar al Jícaro Danto, al mismo tiempo que necesitamos restaurar las poblaciones de Jícaro Danto para salvar a las dantas de toda la Cordillera de Guanacaste.

En la conservación de la vida silvestre, la única forma de asegurar el éxito a largo plazo es reforzando una simbiosis que llamamos colaboración. Es por eso que Tapir Valley, colabora con socios locales e internacionales para proteger, restaurar y difundir esta simbiosis mágica y en peligro de extinción.

La buena noticia es que el amor por los tapires y los jícaros está en el aire. Comunidades, científicos y conservacionistas trabajan juntos para proteger la biodiversidad en una tierra entre volcanes en el norte de Costa Rica. 

¡Hay esperanza para los bosques tropicales!




 

Este artículo forma parte del especial 24 voces del cambio climático de El Observador/ Dirigido por Berlioth Herrera/ Coordinado y editado por Michelle Soto

Sobre el autor: Esteban Brenes-Mora es oficial para Mesoamérica de Re:wild. Re:wild es una organización de conservación ambiental dedicada a proteger y restaurar la naturaleza. Su enfoque principal se basa en la idea de que la biodiversidad es la solución más efectiva para enfrentar los desafíos interconectados del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y las amenazas al bienestar humano

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