El Observador
Cambio Climáticomartes, 17 de marzo de 2026

Químicos de pantallas electrónicas se acumulan en delfines y marsopas

Los investigadores observaron la presencia de estas sustancias contaminantes en la grasa, músculo y tejido cerebral de fauna marina del Mar de China Meridional entre 2007 y 2021.

Mario Fernández Calderón

Mario Fernández Calderón

mario.fernandez@observador.cr
Tiempo de lectura: 6 minutos
A dolphin swims off the coast of Vitoria, Espirito Santo State, Brazil, on August 22, 2023. (Photo by Carl DE SOUZA / AFP)

Un estudio demostró la existencia de sustancias críticas y contaminantes en el cuerpo de delfines jorobados del Indo-Pacífico (Sousa chinensis) y marsopas sin aleta (Neophocaena phocaenoides).

Los químicos fueron hallados en la grasa, músculo y tejido cerebral de los animales analizados.

Los compuestos encontrados son monómeros de cristal líquido (LCMs, por sus siglas en inglés), sustancias clave para el desarrollo de pantallas de cristal líquido utilizadas en teléfonos, computadoras y televisores.

El estudio señala que para 2030 los desechos electrónicos asociados a estas tecnologías podrían alcanzar aproximadamente 74 millones de toneladas al año.

Químicos: amenazas para los ecosistemas marinos

De acuerdo con los investigadores, estos químicos representan amenazas para los ecosistemas marinos.

A pesar de los riesgos que esto implica y de su capacidad de bioacumulación, los efectos de estos compuestos en la megafauna marina han sido poco estudiados.

La investigación se realizó en el Mar de China Meridional, con muestras recolectadas entre 2007 y 2021. De esta forma, los científicos presentaron la primera evidencia de acumulación de LCMs provenientes de electrónicos domésticos en cetáceos silvestres.

Además, mediante experimentos celulares, observaron que estos químicos pueden provocar alteraciones en el ADN.Así como en la detención del ciclo celular y cambios en la división celular, lo que sugiere posibles efectos biológicos asociados a estos contaminantes.

Los autores advierten que estos hallazgos podrían tener implicaciones en la salud humana. Esto debido a que la dieta de estos depredadores marinos es similar a la de muchas poblaciones humanas que viven en zonas costeras.

Adicionalmente, los investigadores hallaron que el 56,8 % de estas sustancias está asociado con pantallas de televisores. Mientras que un 11% se relaciona con teléfonos inteligentes, según el análisis de los perfiles químicos de estos compuestos.

Riesgos para la mega fauna marina

El estudio se realizó en el Mar de China Meridional, ya que esta región es considerada un punto caliente de biodiversidad. Pero, además, es un hábitat importante para diversas especies marinas de gran tamaño.

Tanto el delfín jorobado del Indo-Pacífico como la marsopa sin aleta son depredadores de alto nivel en la cadena alimentaria. Por eso ambos resultan especies ideales para analizar la acumulación de contaminantes.

A pesar de esta fortaleza, estos cetáceos son particularmente sensibles frente a la contaminación antropogénica, ya que las sustancias se pueden bioacumular en sus cuerpos y afectar su salud y supervivencia.

De acuerdo con la investigación, de los 62 LCMs analizados, 38 fueron detectados en al menos una de las 63 muestras estudiadas. Además, los científicos identificaron 27 posibles estructuras moleculares de LCMs sospechosas, distintas que las anteriores, en los tejidos de los animales.

Estos contaminantes presentan vidas medias en el agua de entre 15 y 180 días, lo que indica una alta persistencia ambiental y potencial de bioacumulación en ecosistemas marinos.

Además, los compuestos hidrofóbicos pueden transferirse del agua hacia partículas o materia orgánica, lo que ralentiza aún más su degradación.

El estudio se realizó en el Mar de China Meridional, ya que esta región es considerada un punto caliente de biodiversidad (Foto / AFP).

Peligro detectado desde mucho antes

“En este estudio proporcionamos la primera evidencia de acumulación de LCMs. Es una clase de contaminantes emergentes derivados de la electrónica doméstica y los residuos electrónicos, en cetáceos silvestres.

“Se encontraron LCMs en varios tejidos de los dos cetáceos marinos, incluyendo músculo, cerebro, grasa, hígado y riñón”, se puede leer en el texto.

La presencia de estos compuestos ya había sido documentada anteriormente en otras matrices ambientales. Los autores citan investigaciones que detectaron LCMs en aire, polvo, aguas residuales y sedimentos en países como China, Suecia y Estados Unidos.

No obstante, la información sobre su presencia en fauna marina sigue siendo limitada. Algunos estudios han identificado compuestos orgánicos emisores de luz, incluidos LCMs, en invertebrados y peces.

De acuerdo con el estudio, la detección de LCMs en tejido cerebral es especialmente preocupante, ya que actualmente pocos contaminantes orgánicos son capaces de atravesar la barrera hematoencefálica en mamíferos marinos. Por ello, los investigadores advierten sobre posibles riesgos de neurotoxicidad.

Ante esta situación, los autores resaltan la necesidad urgente de reconocer los LCMs como contaminantes emergentes de preocupación en los ecosistemas marinos.

Posible afectación en humanos

Entre las inquietudes de los investigadores se encuentra el hecho de haber detectado LCMs en caracoles. Así como en camarones, cangrejos y peces, especies que forman parte de la dieta de estos cetáceos.

En 13 especies de peces, las concentraciones de estos compuestos superaron el 50 % de frecuencia de detección, lo que indica una exposición relevante en niveles bajos de la cadena alimentaria.

Esto refuerza la hipótesis de que la exposición dietética es una vía importante para que estos contaminantes asciendan a lo largo de la cadena trófica, hasta llegar a depredadores de mayor tamaño.

Este patrón se podría repetir en las poblaciones costeras, ya que las dietas de estos depredadores, es similar a las de las personas que residen en estas  zonas debido al alto consumo de mariscos.

Aunque todavía se necesitan más estudios para comprender completamente sus efectos, los investigadores advierten que la presencia de estos compuestos en depredadores marinos podría ser una señal temprana de un problema ambiental más amplio. 

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