Estudio revela que el calor extremo impacta con mayor fuerza a quienes tienen menos recursos
Investigadores determinaron que cada año más personas en distintas regiones del mundo pierden horas de actividad normal por al calor.
Mario Fernández Calderón
mario.fernandez@observador.cr
Un estudio publicado en la revista Environmental Research Health señala que el aumento de la temperatura a nivel mundial limita la habitabilidad de las personas. Este problema afecta en mayor medida a las poblaciones de zonas vulnerables.
Durante los últimos 75 años, ha habido un incremento importante en las limitaciones para realizar actividades físicas diarias producto del calor. La situación impacta tanto a adultos jóvenes como mayores, aunque la magnitud varía dependiendo de la zona.
De acuerdo con la investigación, los adultos mayores sufren más horas “inhabitables” durante el día en comparación con las personas jóvenes. En 1950 había 25 horas al año en las que las actividades físicas de los jóvenes se veían limitadas, y en la última década ese número subió a 50. Para los adultos mayores, las horas afectadas aumentaron de 600 a 900 en el mismo período.
Esta limitación en su habitabilidad significa que el cuerpo humano tiene dificultades para enfrentar el calor extremo, lo que afecta la capacidad de trabajo y el bienestar de las personas
En este sentido, una zona se considera “inhabitable” cuando, incluso en reposo bajo un calor extremo prolongado, las temperaturas pueden ocasionar golpes de calor al elevar la temperatura corporal a un nivel crítico.
Las personas con menos recursos se ven más expuestas, ya que no cuentan con las capacidades económicas para hacer frente a esta situación y no pueden refugiarse del calor en sus hogares. Esto representa un gran riesgo para su salud y puede ocasionar agotamiento por calor.
El calor extremo limitando lo cotidiano
Los resultados de la investigación señalan que con un aumento de poco más de 1 °C, las personas enfrentan mayores dificultades para desenvolverse de forma normal durante su día.
De 1995 a 2024, la temperatura y la humedad durante las horas más calurosas del año ya limitaron la capacidad física de adultos jóvenes y mayores a solamente poder estar sentados o acostados en distintas partes del trópico y el subtrópico.
Según los autores, en Asia sudoccidental y meridional, y en pequeñas regiones de América del Sur, ya existen zonas con limitaciones por calor extremo para los adultos jóvenes. La magnitud de la afectación es tan importante que incluso estar a la sombra con un leve movimiento de aire podría representar un riesgo de enfermedades por calor.
De la misma forma, el promedio de horas con limitaciones severas, tanto para jóvenes como para adultos mayores, es mayor en Asia, que concentra el mayor número de horas al año en las que la habitabilidad se ve obstaculizada.
En esta región, los jóvenes pierden más de 1.000 horas cada año, lo que representa más de un mes en el que su cuerpo está en riesgo frente a enfermedades por calor. Mientras tanto, para América del Norte y del Sur, el número solo es de 20 a 30 horas anuales, aunque esto no es un dato menor.
Por otro lado, el porcentaje de la población mundial que vive en estas condiciones va en aumento. De acuerdo con el estudio, a mediados del siglo XX solo el 28% de los adultos jóvenes vivía en zonas con riesgos de habitabilidad, pero en las últimas décadas esa cifra subió al 35%.

De acuerdo con la investigación, hay zonas en las que durante las horas más calurosas del año, se han experimentado condiciones “inhabitables”
Dificultad para adultos mayores
Los adultos mayores son una de las poblaciones más afectadas por este problema, que no deja de crecer. Esto no solo representa un riesgo para quienes hoy forman parte de este grupo, sino que a medida que la población mundial envejece y hay menos adultos jóvenes, se vuelve una necesidad que debe atenderse de forma inmediata.
Mientras que las zonas donde los jóvenes son más impactados por el calor se concentran en Asia, las horas en las que los adultos mayores ven limitada su actividad se distribuyen de forma más uniforme geográficamente por el trópico.
En las regiones tropicales de América del Sur, el Atlántico, África subsahariana y Asia, la población de mayor edad pierde entre 1.500 y 2.000 horas al año debido al calor extremo.
De acuerdo con el estudio, las horas en las que los adultos mayores sufren dificultades físicas por el calor han aumentado a un ritmo de 4,4 horas por año. Además, el 76% de esta población vive en zonas sensibles a la temperatura.
Una factura que pagan quienes tienen menos dinero
Este problema esconde una contradicción que los investigadores destacan: aunque las temperaturas más extremas y las mayores limitaciones a la actividad física se registran en zonas de menor vulnerabilidad, el impacto real es más severo en las zonas más vulnerables.
Esto ocurre porque en las zonas menos vulnerables las personas tienen más recursos para protegerse de estas condiciones, como el aire acondicionado. Quienes no tienen acceso a esas herramientas deben enfrentarse al calor y arriesgarse a problemas de salud sin ninguna barrera de protección.
“Para las personas que no pueden refugiarse en un ambiente más fresco, la exposición al calor extremo puede provocar agotamiento por calor e incluso un golpe de calor, lo que representa graves riesgos para la salud”, señalaron los investigadores.
En este contexto, una capacidad de adaptación limitada aumenta el riesgo por calor, especialmente para quienes realizan trabajos al aire libre, como en la construcción. Por ello, esta población enfrenta riesgos desproporcionados, llegando incluso a vincularse cientos de muertes de trabajadores en Qatar entre 2009 y 2019 a causa del calor.
Además, según los autores, las olas de calor ocurren con mayor frecuencia en regiones de bajos recursos, por lo que su exposición a estas limitaciones en la actividad física es mayor.
Por ello, los científicos reflexionan sobre la necesidad de reducir las emisiones de dióxido de carbono de forma acelerada para frenar el cambio climático y mitigar las afectaciones en las poblaciones más vulnerables.
“También esperamos que este trabajo pueda utilizarse para destacar las regiones con el mayor riesgo de calor en función de la exposición de la población, la vulnerabilidad y las limitaciones de habitabilidad, con el fin de orientar los esfuerzos de adaptación”, finalizó el estudio.




