El Observador
Cambio Climáticolunes, 9 de marzo de 2026

Destrucción de ecosistemas comienza a generar consecuencias financieras a grandes empresas

El uso desmedido de los recursos naturales y la alta dependencia de estos ya comenzó a generar impactos económicos en distintas compañías a nivel mundial.

Mario Fernández Calderón

Mario Fernández Calderón

mario.fernandez@observador.cr
Tiempo de lectura: 6 minutos
El 80% de la contaminación en los mares viene de fuentes terrestres. De todos esos residuos, el 90% es plástico, según estudios del Pnuma. (Archivo)

Un informe publicado por la organización Zero Carbon Analytics (ZCA) advierte que las empresas ya están enfrentando consecuencias financieras derivadas de la pérdida de biodiversidad y de la degradación de la naturaleza.

Según el reporte, los sectores productivos dependen de forma directa de los recursos naturales, los cuales sostienen más de la mitad de la actividad económica global. En ese contexto, la destrucción de los ecosistemas se perfila como un riesgo financiero significativo para el funcionamiento y la rentabilidad de los negocios.

Entre las principales dependencias identificadas destacan el agua y el clima. Industrias como la alimentaria, la de bebidas y la farmacéutica figuran entre las más expuestas, debido a su alta necesidad de servicios ecosistémicos para mantener sus operaciones.

El informe señala que las pérdidas económicas asociadas a la degradación de la naturaleza ya son evidentes y que podrían intensificarse en los próximos años. En sectores como la minería y la generación eléctrica, las ganancias podrían reducirse hasta en un 25%, de acuerdo con las proyecciones.

Hoy en día, seis de las diez empresas más expuestas a estos riesgos, con ingresos mayores a los $1.000 millones, pertenecen a los sectores de construcción, vivienda e infraestructura, ya que sus actividades son altamente vulnerables frente a eventos climáticos.

Los autores subrayan que invertir en la protección de la naturaleza es clave para sostener el funcionamiento económico tanto de las empresas como de la sociedad en su conjunto, por lo que instan a convertir esta agenda en una prioridad empresarial.

150.000 millones de dólares en servicios de la naturaleza por año

El informe estima que los servicios ecosistémicos aportan cerca de $150.000 millones al año a la economía global. Además, investigaciones citadas indican que aproximadamente el 55% del Producto Interno Bruto (PIB) mundial depende, en mayor o menor medida, de la naturaleza y de los beneficios que esta brinda a los sectores productivos.

“A pesar de esta dependencia, las empresas suelen operar de formas que sobreexplotan la naturaleza y contribuyen a la degradación de los ecosistemas”, se puede leer en el reporte.

En este contexto, en 2023 las empresas destinaron $7.300 millones a actividades que afectan a la naturaleza, una cifra 30 veces mayor que las inversiones en soluciones basadas en la naturaleza (SbN). Mientras tanto, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) considera que el financiamiento destinado a las SbN debería ser dos veces y medio mayor para 2030.

El clima y el agua, los nuevos factores de riesgo empresarial

De acuerdo con los investigadores, un estudio del European Corporate Governance Institute (ECGI) publicado en 2025 identificó que los servicios ecosistémicos vinculados al agua representan el mayor riesgo financiero para las empresas. Las industrias farmacéutica, alimentaria y de bienes de consumo figuran entre las más expuestas, debido a su alto nivel de dependencia.

El análisis incluyó a 31.772 empresas de 117 países, clasificadas según su grado de dependencia de la naturaleza. Para ello, se evaluaron 21 servicios ecosistémicos agrupados en dos categorías: servicios de provisión y servicios de mantenimiento y regulación.

Los investigadores determinaron que más de un tercio de las empresas dependen de manera crítica de la regulación del flujo de agua. Además, observaron que el 32,3% también se encuentra en riesgo por el control de inundaciones, mientras que el 30,2% depende de la mitigación de tormentas.

Por otro lado, el informe retoma un estudio de 2022 en el que se evaluó el riesgo económico de la dependencia de la biodiversidad para 11.812 empresas. Ese análisis concluyó que $20.000 millones del valor empresarial dependen de los servicios que brinda la naturaleza.

“El banco Barclays estima que las ganancias podrían caer un 25% en los próximos cinco años debido a la degradación de la naturaleza en los sectores de minería y generación eléctrica. Se calcula que el sector global de bienes de consumo básico enfrentará un impacto de $200.000 millones únicamente por la futura escasez de agua”, se lee en el texto.

Vulnerabilidad por dos costados

El estudio del ECGI advierte que las empresas con mayor dependencia de la naturaleza suelen ser también las que generan un mayor impacto sobre la biodiversidad, fenómeno que los autores denominan “doble materialidad de la pérdida de naturaleza”.

Esto implica que las actividades productivas dependen de los servicios ecosistémicos, pero al mismo tiempo los degradan mediante sus impactos ambientales, creando un ciclo de riesgo que se refuerza a sí mismo.

Un ejemplo de esta situación se observa en la industria de la carne de res, que impulsa la deforestación y la degradación del suelo, pero depende de extensas áreas de pastoreo y del acceso al agua.

Algo similar ocurre en el mercado de fertilizantes, donde el uso intensivo de agroquímicos degrada los suelos y contamina el agua, afectando los mismos recursos de los que depende la industria agroalimentaria.

El riesgo ambiental ya no puede ignorarse

A medida que esta situación avanza, la presión sobre los inversionistas debido a los riesgos climáticos crece cada vez más. Recientemente se retiraron $100.000 millones de gestores de activos debido a la exposición climática.

En este sentido, los autores indican que el impulso va creciendo, ya que 620 organizaciones de 50 países se han comprometido con reportes relacionados con la naturaleza alineados con las recomendaciones internacionales del Grupo de Trabajo sobre Divulgaciones Financieras Relacionadas con la Naturaleza.

En un escenario marcado por el deterioro acelerado de los ecosistemas, el informe deja claro que la crisis ambiental ya no es solo un problema ecológico, sino también financiero.

Para las empresas, ignorar su dependencia de la naturaleza implica asumir riesgos crecientes que amenazan su estabilidad, mientras que protegerla se consolida como una condición clave para la sostenibilidad económica a largo plazo.

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