El Observador
Saluddomingo, 10 de mayo de 2026

“Si no me operaban antes de las 4 a.m. me moría”: el calvario tras una cirugía estética en Liberia

Una cirugía estética promocionada en redes sociales terminó en una pesadilla médica: fiebre al día siguiente, tejido expulsado por el cuerpo y meses de hospitalización. La paciente descubrió tarde que quienes la operaron no eran especialistas.

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Lo que comenzó como una decisión estética terminó convirtiéndose en una lucha por la vida.

Una joven en Liberia, Guanacaste —cuya identidad no se revelará a petición suya— se sometió a una lipotransferencia glútea en una clínica privada, atraída por publicidad en redes sociales.

Pocos días después, su salud se deterioró gravemente.

Hoy, casi cinco años más tarde, sigue viviendo con una infección crónica.

¿Qué es una lipotransferencia glútea? Procedimiento de alto riesgo

También conocida por sus siglas en inglés como BBL (Brazilian Butt Lift), la lipotransferencia glútea consiste en extraer grasa de otras partes del cuerpo —como abdomen o muslos— para inyectarla en los glúteos con fines estéticos.

Aunque se trata de un procedimiento popular, no es una cirugía menor. Requiere especialistas en cirugía plástica, condiciones quirúrgicas certificadas y protocolos estrictos de esterilidad.

De lo contrario, el riesgo puede escalar a complicaciones graves como infecciones profundas, necrosis (muerte del tejido), embolias grasas o incluso sepsis (respuesta del sistema inmunitario ante una infección descontrolada).

El agente detrás de la infección en este caso no fue una bacteria común. Se trató de Mycobacterium abscessus, una micobacteria ambiental altamente resistente, difícil de detectar y aún más compleja de tratar.

Este microorganismo puede encontrarse en agua, equipos médicos y soluciones contaminadas, y tiene la capacidad de sobrevivir incluso a desinfectantes estándar.

Un estudio, realizado por los microbiólogos Mariel Solís Hernández, Iveth Jiménez Badilla y Carlos Martínez Calderón, describe un proceso clínico largo y agresivo.

OBSERVE MÁS: Cirugía estética sin control deriva en infección severa: mujer en Guanacaste enfrenta secuelas en glúteos tras bacteria resistente

Publicidad, confianza y una decisión que casi le cuesta la vida

Según relata la paciente, eligió la clínica por cercanía y por la promoción en redes sociales. Incluso buscó referencias médicas que parecían estar en regla. Sin embargo, después descubrió que quienes realizaron la cirugía eran médicos generales y no especialistas en cirugía plástica. Además, asegura que la dueña del centro se presentaba como doctora pese a ser esteticista y que nunca logró establecer contacto directo con el médico que la operó.

“No eran los mismos doctores que yo había investigado”, recuerda en entrevista con El Observador.

No fue la única. Otras tres mujeres que se sometieron al mismo procedimiento desarrollaron la misma infección bacteriana, relató.

La infección: fiebre, tejido expulsado y riesgo de shock séptico

Las alarmas comenzaron apenas un día después de la cirugía.

Fiebre, dolor y secreciones fueron inicialmente minimizadas por la clínica. Pero, en cuestión de días, la situación se agravó dramáticamente.

“Empecé a expulsar grasa y tejido… el cuerpo lo estaba rechazando todo”, relata.

El cuadro evolucionó hasta llevarla al borde de un shock séptico, una condición potencialmente mortal.

Fue entonces cuando médicos del sistema público intervinieron. En el Hospital México, una especialista fue clara:

“Si no me operaban antes de las 4 a.m., mi familia debía prepararse para lo peor, que buscara el ataúd”, expresó con la voz entrecortada.

OBSERVE MÁS: 19 casos ligados a bacteria resistente evidencian riesgos en cirugías estéticas sin especialistas en Costa Rica, revela estudio científico

Meses de hospitalización y una secuela de por vida

Lo que siguió fue un proceso devastador para esta mujer. Permaneció tres meses hospitalizada, enfrentó múltiples cirugías reconstructivas y lavados quirúrgicos, además de tratamientos prolongados con antibióticos. También sufrió dolor persistente, complicaciones neurológicas asociadas a la terapia y requirió dos años de seguimiento médico.

Hoy continúa viviendo con una micobacteria crónica y necesita atención constante en infectología, manejo del dolor y apoyo psicológico. Las secuelas físicas y emocionales siguen presentes.

El caso no solo quedó en el ámbito clínico. Fue documentado por los microbiólogos en un estudio publicado en la revista Crónicas Científicas.

La investigación detalla cómo una infección bacteriana asociada al procedimiento provocó daños severos en el tejido y complicaciones sistémicas, evidenciando fallas en las condiciones sanitarias y en la práctica médica.

Además, el hecho de que varias pacientes presentaran la misma bacteria refuerza la hipótesis de contaminación en el entorno quirúrgico.

Impacto más allá de la salud

Las consecuencias no fueron únicamente médicas. Esta administradora de empresas contó que perdió su trabajo, abandonó temporalmente sus estudios universitarios y que su familia enfrentó un fuerte impacto económico. A eso se sumaron las secuelas emocionales y el deterioro de su imagen corporal.

“Verse al espejo y no reconocerse… eso también duele”, afirma.

Actualmente, la paciente impulsa acciones legales contra la clínica, que —según denuncia— continúa operando bajo otro nombre.

Desde su experiencia, deja una advertencia clara:

“Que sea con profesionales de verdad… y que aprendamos a valorarnos antes de tomar decisiones así”.

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