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Finanzasmiércoles, 12 de noviembre de 2025

Zonas francas sostienen el crecimiento económico en Costa Rica mientras el resto de la economía se enfría

Costa Rica cerró septiembre con un crecimiento interanual del 4,7% en su actividad económica, según el Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) del Banco Central. Sin embargo, tras esa cifra optimista se esconde una brecha cada vez más marcada entre el motor exportador de las zonas francas y la economía doméstica. Mientras las empresas del […]

Redacción El Observador

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Costa Rica cerró septiembre con un crecimiento interanual del 4,7% en su actividad económica, según el Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) del Banco Central. Sin embargo, tras esa cifra optimista se esconde una brecha cada vez más marcada entre el motor exportador de las zonas francas y la economía doméstica.

Mientras las empresas del régimen especial —principalmente las vinculadas a manufactura avanzada y servicios globales— crecieron un 15,3%, el régimen definitivo apenas lo hizo en 2,3%, su menor ritmo en dos años.

Esta diferencia estructural confirma una tendencia que El Observador viene documentando desde mediados de 2024: el dinamismo de la economía costarricense descansa casi por completo en las zonas francas, mientras la producción orientada al mercado interno —agricultura, construcción y manufactura tradicional— enfrenta un estancamiento prolongado.

El peso del sector externo

Las zonas francas siguen siendo el sostén de la economía costarricense, aunque los datos más recientes insinúan un cambio de pendiente. En septiembre, este régimen explicó más del 55% del aumento total del IMAE, gracias al dinamismo exportador de implementos médicos, productos metálicos y maquinaria.

Pese a que el crecimiento continúa en dos dígitos (15,5% en junio, 15,6% en julio y 18,1% en agosto) los gráficos del Banco Central muestran una leve desaceleración en la tendencia mensual, que sugiere un ajuste tras más de dos años de expansión sostenida. Este enfriamiento no altera la trayectoria positiva, pero sí advierte sobre la vulnerabilidad de un crecimiento tan concentrado en un solo clúster industrial.

El sector de dispositivos médicos, anclado en empresas de alta tecnología y cadenas globales de valor, se mantiene como el pilar dominante del modelo exportador costarricense, con un crecimiento interanual superior al 25% y una contribución cercana al 90% del incremento de los regímenes especiales

Sin embargo, su fortaleza también representa una concentración de riesgos: más de la mitad del crecimiento manufacturero depende de un segmento vinculado mayoritariamente al mercado de Estados Unidos.

En ese contexto, las nuevas políticas arancelarias impulsadas por el gobierno de Donald Trump, que incluyen posibles incrementos a productos médicos y electrónicos importados, abren un frente de incertidumbre para las exportaciones costarricenses.

Si bien el país podría beneficiarse de eventuales relocalizaciones de empresas en el hemisferio occidental, un endurecimiento comercial afectaría directamente a las plantas de dispositivos médicos, que representan casi un tercio del valor exportado por las zonas francas.

En conjunto, el régimen especial sigue funcionando como el motor principal del crecimiento, pero su impulso muestra señales de estabilización, y su exposición a los vaivenes del comercio global plantea un desafío estratégico: cómo diversificar la base exportadora sin perder competitividad.

La producción agropecuaria se contrajo un 1,9% interanual, (Foto Archivo/El Observador)

Agricultura y construcción: los grandes perdedores

El informe del Banco Central dibuja un panorama adverso para las dos actividades más vinculadas al empleo local y al tejido productivo tradicional del país. La agricultura y la construcción se consolidan como los grandes perdedores del ciclo económico actual.

La producción agropecuaria se contrajo un 1,9% interanual, afectada, entre otros aspectos por las condiciones climáticas que redujeron los rendimientos de banano y piña, dos de los principales rubros de exportación. Aunque hubo ligeras mejoras en leche, carne y hortalizas, el sector no logra recuperar los niveles de producción previos a la pandemia de 2020, ni revertir el impacto acumulado de los altos costos, la volatilidad climática y el envejecimiento de la fuerza laboral rural.

La construcción, por su parte, acumula un año en terreno negativo. En septiembre, la producción total cayó 4,1%, arrastrada por una contracción del 7,4% en las obras privadas y una reducción cercana al 20% en proyectos no residenciales, como naves industriales o centros comerciales. Solo el repunte de la inversión pública (+14,9%) —impulsada por proyectos viales, acueductos y obras municipales— logró contener parcialmente la caída.

Ambos sectores son, además, fuentes esenciales de empleo para trabajadores de baja y media calificación, especialmente fuera del Gran Área Metropolitana. Su estancamiento no solo limita la capacidad de recuperación del mercado laboral, sino que profundiza la brecha entre el dinamismo exportador y la economía doméstica, alimentando una desigualdad estructural que la expansión macroeconómica todavía no consigue resolver.

Una expansión sostenida, pero desigual

El IMAE ha mantenido 32 meses consecutivos con crecimiento superior al 4%, una racha inédita en la región. Pero el carácter concentrado de ese crecimiento puede generar dudas.

En 2025, seis actividades —manufactura, servicios profesionales, transporte, financieros, inmobiliarios y comercio— explicaron más del 90% del aumento de la producción nacional, todas con fuerte vínculo con las zonas francas o con servicios exportables.

El Banco Central insiste en que la economía mantiene un “ritmo sólido”, pero los datos revelan una creciente asimetría productiva: un enclave externo con dinamismo exportador y una economía doméstica atrapada entre baja inversión, costos internos y debilidad estructural de la demanda.

La evolución reciente del IMAE confirma que Costa Rica avanza hacia una economía dual. Por un lado, un sector moderno y competitivo —tecnología médica, software, servicios globales— integrado a las cadenas globales de valor. Por otro, un sector tradicional rezagado, dependiente del clima, del crédito caro y del gasto público.

La aparente fortaleza macroeconómica oculta así un desequilibrio que podría limitar la capacidad de crecimiento inclusivo. Sin políticas activas para reactivar la producción interna y mejorar la competitividad del régimen definitivo, el país corre el riesgo de sostener su expansión sobre una base cada vez más estrecha.

Costa Rica se asemeja a una economía que “vuela con un solo motor”: las zonas francas mantienen el impulso, mientras el resto del aparato productivo enfrenta turbulencias crecientes.

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