Un sector privado con propósito
Constantemente nos hacemos la pregunta de ¿cuál es el rol del sector privado en nuestra sociedad? Si ponemos los 4.6 billones de años que el planeta Tierra ha existido, en una escala de 46 días, el ser humano lleva en él aproximadamente 4 horas y la Revolución Industrial es tan solo el último minuto. La […]
Desde la Columna
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Constantemente nos hacemos la pregunta de ¿cuál es el rol del sector privado en nuestra sociedad? Si ponemos los 4.6 billones de años que el planeta Tierra ha existido, en una escala de 46 días, el ser humano lleva en él aproximadamente 4 horas y la Revolución Industrial es tan solo el último minuto.
La pregunta obligada es entonces, ¿si en ese último minuto estamos mejor o peor?
Hace 300 años, tres paradigmas cambiaron radicalmente como nos organizamos como sociedad: pasamos de las monarquías absolutas a la democracia moderna, de una economía primordialmente agrícola a una industrial y de un sistema feudal al capitalismo como motor de desarrollo. Hemos mejorado considerablemente nuestros niveles de salud y educación. La productividad agrícola ha mejorado de tal forma que podemos alimentar a más de 8 billones de personas. El consumo de energía nos permite tener comodidades como nunca antes y los niveles de pobreza han disminuido de forma importante.
En cuanto a los derechos humanos, ha habido mejoras sustanciales en equidad de género, respeto a la diversidad racial y una mejora en los derechos de los trabajadores, nunca visto en toda la historia de la humanidad. Sin embargo, en ese mismo periodo, hemos causado un daño enorme a la biodiversidad, entrando a la sexta ola de extinción en masa, nos enfrentamos al reto del cambio climático, y la gran inequidad provoca inseguridad y grandes migraciones.
Y entonces, ¿ha sido bueno el capitalismo o por el contrario se ha convertido en un cáncer que debemos extirpar? El capitalismo es la forma más eficiente de innovar y generar desarrollo, ya que combina el capital humano, ingenio y dinero de una forma tremendamente eficiente. Si una idea es lo suficientemente buena para solucionar un problema específico, ésta atraerá capital y podrá prosperar. Si no es tan buena, o es mal administrada, rápidamente morirá para dar espacio a otra mejor.
El problema radica cuando ese capitalismo desconoce que vivimos en un mundo interdependiente. Un mundo que, como nos enseñó la pandemia, es complejo y sistémico. Y es cuando tomamos conciencia de esta realidad, que podremos como sector privado poner el propósito en el centro.
Entender que existimos para solucionar grandes problemas y para diseñar empresas que al operar, lo hagan pensando en no afectar al ser humano ni al planeta. Entendiendo que las utilidades son fundamentales para sobrevivir como lo es la sangre para un ser viviente, pero que el propósito es el ADN que nos diferencia y nos hace evolucionar.
En este momento de crecimiento exponencial y con los retos existenciales más grandes que hemos experimentado como sociedad, es el capitalismo consciente la fórmula que nos permitirá navegar hacia una sociedad próspera, digna y sostenible.
Un capitalismo interdependiente y que se centre en la contribución que queremos generar. Un capitalismo que promueva una cultura de colaboración, confianza, transparencia e integridad. Un capitalismo que atraiga a líderes conscientes, que puedan ser los arquitectos que puedan diseñar un sistema que conjugue las utilidades de la empresa con un desarrollo sostenible que permita sobrellevar los grandes retos que como sociedad estamos navegando.




