El Observador
Desde la columnajueves, 12 de marzo de 2026

Lo que la Costa Rica soberana decidió

Los resultados del Estudio Post Electoral 2026 del CIEP-UCR ofrecen una mirada clara y sin rodeos sobre cómo decidió su voto el país

Tiempo de lectura: 6 minutos

En un momento clave para la democracia costarricense, los resultados del Estudio Post Electoral 2026 del CIEP-UCR ofrecen una mirada clara y sin rodeos sobre cómo decidió su voto el país, qué factores influyeron en la elección presidencial y qué señales deja el electorado para el futuro. Este análisis resulta fundamental para comprender hacia dónde se dirige Costa Rica como sociedad y como proyecto político.

A pesar de que el panel del estudio propuesto por el CIEP el año pasado perdió a más de la mitad de sus participantes durante los meses previos a la elección, los investigadores confirman que los resultados finales representan con bastante fidelidad lo ocurrido en las urnas. En otras palabras, aunque muchas personas dejaron de responder, quienes permanecieron reflejaron tendencias muy similares a las que oficializó el Tribunal Supremo de Elecciones. Esto demuestra que el estudio es confiable y permite entender con precisión el comportamiento electoral de los votantes.

Uno de los hallazgos más importantes, a mi juicio, es que en esta elección hubo mucha menos volatilidad que en procesos anteriores. El voto se movió menos, fue más estable y estuvo definido por emociones, palabra de moda en la estrategia política, y percepciones construidas a lo largo de varios meses. La candidata oficialista, doña Laura Fernández, fue quien más logró convencer a quienes estaban indecisos, especialmente entre diciembre y enero, un periodo decisivo para las campañas electorales en Costa Rica durante los últimos cuatro procesos nacionales.

El estudio confirma que doña Laura ganó no porque otros partidos perdieran grandes cantidades de votantes, sino porque ella y el partido Pueblo Soberano lograron atraer a la mayoría de las personas indecisas. Además, aunque perdió algunos —pocos— apoyos durante la campaña, estos se compensaron con nuevas adhesiones, la mayoría provenientes de sus principales adversarios, como el Partido Liberación Nacional.

Su base electoral estuvo compuesta mayoritariamente por hombres, personas mayores de 35 años, con educación secundaria y residentes de provincias como Puntarenas, Guanacaste, Limón y Alajuela, esta última incorporándose con mayor fuerza en este proceso respecto al anterior, ganado por don Rodrigo Chaves. También destaca que quienes votaron por ella lo hicieron impulsados principalmente por la esperanza de que las cosas mejoraran.

Del otro lado, Álvaro Ramos, del Partido Liberación Nacional, experimentó un crecimiento importante en la última semana de campaña. En lo personal, considero que esto es relativamente normal en el PLN: en los últimos días suele despertarse un “orgullo perico”, aunque en esta ocasión tampoco fue suficiente para revertir la tendencia de derrota que el partido arrastra en los últimos cuatro procesos electorales consecutivos.

Una parte considerable de su apoyo provino de personas que originalmente consideraban votar por Claudia Dobles. Su base electoral se compuso en mayor medida por mujeres, personas mayores de 55 años y votantes que temían que la situación del país empeorara. Aun así, este repunte no fue suficiente para cerrar la brecha que ya había construido el oficialismo. Considero, además, que el conflicto de Ramos con las bases partidarias terminó por ensuciarle el traje verdiblanco que le prestaron. Ante un liderazgo político percibido como débil, la ciudadanía tiende a dudar de su capacidad para llevar las riendas del país.

En las elecciones legislativas, el partido Pueblo Soberano obtuvo un triunfo contundente. El estudio muestra que logró duplicar su intención de voto en pocas semanas, consolidándose como la fuerza dominante en la Asamblea Legislativa. La mejor muestra de ello fue la provincia de San José, donde la mayoría de los partidos concentra sus esfuerzos por factores como la cantidad de escaños en disputa y la facilidad de trabajo territorial desde la capital. Pueblo Soberano logró obtener ocho escaños, casi el 50% de los que estaban en disputa, algo que desde hace mucho tiempo ningún partido había conseguido en esta provincia.

El PLN también mostró cierta recuperación respecto a los datos previos, pero en algunos casos le pasó factura la poca o nula experiencia y el escaso arraigo territorial de algunas de sus candidaturas. Un ejemplo claro se observó en el cantón central de San José, donde, a pesar de la fuerte inversión realizada por la candidata verdiblanca, la señora Alfaro, hija del empresario autobusero y exdiputado Óscar Alfaro, los resultados no se reflejaron en los distritos. En lugares que en otro tiempo fueron baluartes del PLN, el partido perdió de manera contundente y la diferencia entre los votos obtenidos por Ramos y los de la papeleta legislativa se redujo considerablemente.

Por su parte, el Frente Amplio duplicó su apoyo respecto a la elección presidencial, señal de una oposición progresista más fortalecida. En lo personal, considero que este partido se gradúa como la verdadera oposición al oficialismo y, hoy por hoy, como la segunda fuerza más relevante en la Asamblea Legislativa. Algunos dirán: ¿cómo es posible si el PLN obtuvo más diputados? La respuesta, en mi opinión, la dará el tiempo, especialmente si se toma en cuenta la cohesión interna de cada bancada.

Otro aspecto clave, volviendo al estudio, es el análisis de las alternativas que las personas consideraron antes de votar. En general, las candidaturas opositoras tuvieron como segunda opción al PLN en la elección presidencial, lo que confirma que Liberación Nacional fue el principal receptor de votantes indecisos dentro de la oposición. Sin embargo, cuando se analizan los indecisos en general, el verdadero ganador fue el oficialismo.

El estudio revela además que una tercera parte del electorado tomó su decisión durante la última semana de campaña o incluso el mismo día de la elección. La diferencia radica en que la mayoría de quienes votaron por el oficialismo ya había tomado su decisión con mayor anticipación. En cambio, el PLN dependió en gran medida de decisiones de último momento. Esto muestra que Pueblo Soberano desarrolló una campaña más sólida, clara y constante, mientras que Liberación Nacional creció gracias al voto útil o prestado, pero sin tiempo suficiente para remontar.

En cuanto a los motivos del voto, la campaña estuvo atravesada por dos ideas principales: continuidad y cambio. Para algunas personas, continuar con el rumbo del gobierno era la mejor opción; para otras, cambiar ese rumbo resultaba indispensable. Lo interesante es que ambas percepciones influyeron de manera significativa en la decisión de la ciudadanía. Además, un 60% de las personas aseguró haber votado guiándose más por la candidata o el candidato que por el partido político, reflejo de la fuerte tendencia personalista que ha caracterizado la política costarricense en los últimos años.

Finalmente, las emociones, una vez más, jugaron un papel central. La mayoría del electorado votó movida por la esperanza y mantuvo ese sentimiento incluso después de conocerse los resultados. La ciudadanía no solo votó con la expectativa de mejorar, sino que conservó la ilusión de que su decisión tendría un impacto positivo. También destaca que más del 70% de las personas considera probable aumentar su participación política en el futuro, especialmente quienes apoyan a partidos como el Frente Amplio y, sobre todo, al ganador Pueblo Soberano.

En síntesis, el Estudio Post Electoral del CIEP-UCR muestra que Costa Rica definió su rumbo para 2026 impulsada por la esperanza, la estabilidad emocional y una clara inclinación hacia liderazgos que transmiten confianza. La elección se definió en gran medida entre quienes buscaban continuar con un proyecto político y quienes temían retroceder.

Hoy el país tiene señales claras sobre cómo piensa, cómo vota y qué espera del futuro. Este análisis invita a reflexionar no solo sobre los resultados, sino también sobre la importancia de construir una política que conecte con la gente y responda a las necesidades reales de la ciudadanía. Muchos ciudadanos hoy confían en que a doña Laura le irá bien, y que si a ella le va bien, también le irá bien al país. Personalmente comparto esa esperanza: considero que ella y sus vicepresidentes, don Francisco y don Douglas, pueden convertirse en tres figuras que marquen un nuevo capítulo en la historia política de Costa Rica.

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