FMI: capital no bancario fortalece financiamiento en países emergentes, pero eleva vulnerabilidad
Los flujos de capital hacia economías emergentes provenientes de inversionistas no bancarios han aumentado de forma sostenida desde la crisis financiera global, alcanzando cerca de $4 billones en 2025, según el Reporte sobre la Estabilidad Financiera Mundial del Fondo Monetario Internacional (FMI), publicado este martes. Este crecimiento ha ampliado las opciones de financiamiento para los […]
Juan Pablo Arias
juanpablo.arias@observador.cr
Los flujos de capital hacia economías emergentes provenientes de inversionistas no bancarios han aumentado de forma sostenida desde la crisis financiera global, alcanzando cerca de $4 billones en 2025, según el Reporte sobre la Estabilidad Financiera Mundial del Fondo Monetario Internacional (FMI), publicado este martes.
Este crecimiento ha ampliado las opciones de financiamiento para los gobiernos y las empresas, pero también ha incrementado la exposición a cambios bruscos en las condiciones financieras internacionales. El fenómeno, señala el informe, refleja una transformación estructural en la forma en que los países emergentes acceden al capital externo.
El reporte agrega que la mayor parte corresponde a inversiones en deuda. Estos recursos se han convertido en una fuente de financiamiento externo para economías en desarrollo, y aproximadamente el 80% es provisto por entes no bancarias, como fondos de inversión, fondos de pensiones y aseguradoras, el doble que hace dos décadas.
Capital no bancario
El informe destaca que la creciente dependencia de estos recursos también ha elevado la sensibilidad de las economías emergentes a los cambios en el entorno financiero internacional. A pesar de sus beneficios, los flujos de capital no bancario son más volátiles que el crédito tradicional de la banca y reaccionan con mayor rapidez a eventos financieros o geopolíticos, lo que podría generar presiones sobre las monedas y los sistemas financieros.
El análisis del FMI muestra que un aumento significativo en la incertidumbre global, medido por el índice de volatilidad VIX, puede provocar salidas de capital equivalentes a cerca del 1% del PIB trimestral en economías emergentes, con impactos más fuertes en países con altos niveles de deuda pública, reservas internacionales limitadas o marcos institucionales débiles.
La reacción ante estos episodios de tensión no es uniforme entre inversionistas. Entre los distintos tipos de actores financieros, los fondos de cobertura y los fondos de inversión son los más sensibles a cambios en el entorno financiero global. En cambio, los fondos de pensiones y las aseguradoras tienden a mantener inversiones más estables durante periodos de volatilidad.
Según el documento, los fondos de cobertura pueden reducir sus posiciones en mercados emergentes en alrededor de 1,3% cuando aumenta la volatilidad, mientras que los fondos mutuos registran reducciones cercanas a 0,6%.
Nuevos riesgos financieros
A medida que crece la participación de estos inversionistas, también han surgido nuevas formas de financiamiento fuera del sistema bancario tradicional, explica el reporte.
Agrega que el desarrollo del crédito privado se ha convertido en una fuente adicional de recursos para empresas y proyectos en mercados emergentes y ha crecido con rapidez en los últimos años, impulsado por la búsqueda de mayores rendimientos por parte de inversionistas globales.
Este tipo de financiamiento ha facilitado inversiones en infraestructura y financiamiento empresarial, especialmente en contextos donde el crédito bancario es limitado.
No obstante, el informe advierte que estos fondos suelen operar con estructuras complejas y menor supervisión, lo que dificulta identificar riesgos sistémicos a tiempo. Además, la creciente interconexión entre instituciones financieras, mercados de capitales y nuevos instrumentos digitales puede amplificar el efecto de choques externos y generar contagio financiero entre países.
Reducir vulnerabilidad financiera
Frente a este escenario, el FMI señala que los países con fundamentos macroeconómicos sólidos y marcos institucionales robustos tienden a enfrentar menores salidas de capital durante episodios de volatilidad global, ya que estos factores funcionan como una barrera que reduce el impacto de los choques financieros.
Por ello, el reporte recomienda fortalecer la disciplina fiscal de los países, mantener reservas internacionales adecuadas y mejorar la calidad institucional para reducir la volatilidad de los flujos financieros y atraer inversiones más estables y de largo plazo.
Asimismo, destaca la importancia de utilizar herramientas de política económica, como la flexibilidad cambiaria y medidas macroprudenciales, para contener riesgos financieros y proteger la estabilidad económica.





