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Desde la columnadomingo, 18 de enero de 2026

Editorial | Un país no se construye desde la indiferencia

El próximo 1 de febrero, 3.731.788 costarricenses están convocados a las urnas

Editorial El Observador

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Costa Rica llega al 1 de febrero con un dato que debería incomodarnos, no solo preocuparnos: en 2022 el país vivió un abstencionismo histórico. 1.418.062 personas no fueron a votar. Casi cuatro de cada diez se quedaron al margen.

Ese fue un mensaje poderoso, aunque no necesariamente el que muchos creían estar enviando. Porque la indiferencia no castiga a “la política” en abstracto: castiga la posibilidad de corregir el rumbo. La indiferencia no reforma instituciones, no mejora escuelas, no baja el costo de vida, no frena la violencia, no protege el empleo. La indiferencia, en cambio, abre espacio para que otros decidan por usted.

El próximo 1 de febrero, 3.731.788 costarricenses están convocados a las urnas para elegir presidente y vicepresidentes de la República y a los 57 diputados del primer poder de la República, donde se aprueban o se bloquean reformas, presupuestos, controles políticos y buena parte del rumbo nacional.

Quizás para esta campaña se siente una distancia distinta. Fría. Con menos conversación pública y más resignación. Los estudios de opinión describen un fenómeno ya instalado: los indecisos pesan como si fueran el partido más grande. Pero la indecisión no es destino. Es una invitación a informarse: a leer propuestas, a contrastar trayectorias, a preguntar por equipos, a exigir planes, a sospechar de promesas imposibles, a identificar riesgos. La democracia urge votantes informados, no silencios.

Hay otro dato que debería movernos, especialmente por lo que dice del futuro inmediato: el 44% del padrón (poco más de 1,65 millones de votantes) tiene entre 18 y 39 años. Es decir, el peso de la gente joven puede decidir la elección y también la composición del Congreso.

Y dentro de ese bloque hay 131.403 nuevos electores nacidos entre febrero de 2006 y febrero de 2008; además, el padrón incluye 10.826 electores naturalizados que votarán por primera vez. En total, 142.229 personas debutan en las urnas: alrededor de 3,8% del padrón, según datos del TSE.

Pero incluso ahí hay una advertencia democrática que no debemos normalizar: 24.675 jóvenes quedaron fuera de la lista de votantes por no solicitar cédula a tiempo. La democracia no se rompe de golpe: también se erosiona cuando dejamos que miles queden fuera por desinformación, desinterés o trámites postergados.

A quienes hoy votan por primera vez, y a quienes tienen menos de 25 años y sienten que “nada cambia”: esta elección no es un examen de civismo. Es una decisión sobre su vida cotidiana. Sobre si la educación pública mejora o se estanca; sobre si el empleo formal crece o se precariza; sobre si el país enfrenta la violencia con inteligencia y Estado de derecho o con ocurrencias; sobre si la institucionalidad se respeta o se degrada; sobre si el futuro se administra con seriedad o se improvisa.

Nadie construye un país solo. Pero no se construye nada con indiferencia.

El 1 de febrero, el llamado es simple y exigente: salga a votar. Hágalo informado. Hágalo pensando en el presente y en el futuro. Hágalo con conciencia de que la democracia no es un espectáculo para mirar desde la gradería: es una responsabilidad para asumir de pie.

Porque cuando millones deciden no participar, el país igual se gobierna. La pregunta es: ¿por quién y para quién?

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