National Geographic publica reportaje especial sobre el quetzal en Costa Rica, un ave que parece un mito
“Le decían la serpiente emplumada”, cuenta un guía local a National Geographic mientras observa al ave moverse entre los árboles de San Gerardo de Dota.
Sergio Arce
sergio.arce@observador.cr
En un museo de Viena se resguarda una pieza única en el mundo: un penacho atribuido a un emperador azteca, elaborado con cerca de 400 plumas iridiscentes de quetzal. Tiene más de 500 años y su valor se estima en $50 millones.
Pero ni ese tesoro histórico -ni ningún otro- logra competir con la majestuosidad del ave viva que sobrevuela los cielos del bosque nuboso de Costa Rica.
Así lo retrata ampliamente National Geographic en un artículo especial publicado el pasado lunes 4 de mayo.
En lo alto de San Gerardo de Dota, el quetzal aparece entre ramas cubiertas de musgo y bromelias. Su vuelo es breve, casi etéreo, pero suficiente para entender por qué las civilizaciones mesoamericanas lo consideraban sagrado.

Quetzal resplandeciente (Pharomachrus mocinno) en vuelo en Costa Rica (Cedric Join / Biosphoto / Biosphoto vía AFP)
El quetzal: un ave que parece un mito
“Le decían la serpiente emplumada”, cuenta un guía local a National Geographic mientras observa al ave moverse entre los árboles.
El apodo no es casual: el quetzal posee una cola que puede alcanzar hasta un metro de longitud, creando la ilusión de una serpiente ondulando en el aire.
Su plumaje cambia con la luz: verde esmeralda, azul zafiro o dorado, dependiendo del ángulo. No es pigmento, sino estructura. Las plumas funcionan como prismas naturales que refractan la luz.
Para las culturas precolombinas, el quetzal no era solo un animal:
- Representaba a Kukulkán, la deidad de la serpiente emplumada
- Estaba prohibido matarlo
- Sus plumas se recolectaban del suelo y se utilizaban como moneda de intercambio
En una época donde el oro dominaba imperios, el quetzal era aún más valioso.
Costa Rica: refugio del quetzal
Hoy, Costa Rica es uno de los pocos lugares donde esta especie puede observarse con relativa facilidad. Más específicamente en San Gerardo de Dota, a unas dos horas de San José.
Se estima que hay alrededor de 100 parejas en un tramo de apenas 10 kilómetros, su alimento principal es el aguacatillo silvestre y habitan todo el año gracias a la protección ambiental, explica la revista.
Los avistamientos son tan frecuentes que el sitio se ha convertido en un destino clave para el turismo de naturaleza y aviturismo.
Pero el quetzal no está solo. En estos bosques también conviven:
- Colibríes diminutos
- Tucanes esmeralda
- Coyotes en zonas altas
- Dantas (aunque difíciles de ver)
Este equilibrio es clave: el quetzal depende de bosques maduros, fríos y húmedos. Sin ellos, desaparece.

Quetzal resplandeciente (Pharomachrus mocinno) en una rama en el bosque nuboso de Costa Rica (Cedric Join / Biosphoto / Biosphoto vía AFP)
Una especie tan admirada como vulnerable
Aunque no está extinto, el quetzal enfrenta amenazas en Mesoamérica:
- Pérdida de hábitat por deforestación
- Fragmentación de bosques
- Cambio climático
Por eso, su presencia en Costa Rica es también una señal positiva: donde hay quetzales, hay bosque sano, enfatiza National Geographic.
Ver un quetzal en libertad es una experiencia difícil de describir. Su pecho rojo intenso, su cresta casi punk y su cola flotante lo convierten en una criatura que parece salida de una leyenda.
Quizás por eso, siglos después, sigue generando lo mismo que en tiempos precolombinos: asombro.




