El Observador
Climasábado, 2 de mayo de 2026

El Niño cambia las trayectorias de los huracanes, no la cantidad: ¿qué significa para Costa Rica?

Para la temporada de huracanes del 2026 se espera que Costa Rica esté en una transición hacia El Niño desde junio.

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Esta imagen de satélite obtenida de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica muestra el huracán Beryl el 2 de julio de 2024, a las 12:20 GMT, al este de Jamaica. - Beryl se dirigía hacia Jamaica el 2 de julio cuando se fortaleció hasta convertirse en una tormenta récord de categoría 5 de nivel máximo después de arrasar varias islas en el sureste del Caribe. Beryl, que arrojó fuertes lluvias y desató vientos devastadores, fue descrita como una tormenta "potencialmente catastrófica" por el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos (NHC). Una persona murió en San Vicente y las Granadinas, dijo el gobierno del país, mientras que funcionarios en otros lugares informaron de una destrucción generalizada. (Foto de Handout / NOAA/GOES / AFP)

La influencia del fenómeno El Niño en la temporada de huracanes no es sobre el número de eventos sino en la ruta que siguen los sistemas.

Aunque suele asociarse con una menor actividad ciclónica, los expertos advierten que ese no es el efecto principal.

Así lo explicó Rodrigo Castillo, investigador del Centro de Investigaciones Geofísicas (Cigefi), quien detalló que para la temporada del 2026 se espera una transición hacia El Niño desde junio.

Justamente la temporada de ciclones tropicales en el Atlántico se extiende del 1 de junio y hasta 30 de noviembre.

“Este cambio de fase a El Niño, no permite afirmar con certeza que habrá menos huracanes en la cuenca del Atlántico. Más bien, modifica la forma en que estos sistemas se desplazan”, señaló Castillo.

“Lo que sí podemos decir con bastante confianza es que durante una fase de El Niño los eventos tienden a concentrarse principalmente en la cuenca del Atlántico y les cuesta más penetrar en la cuenca del Caribe”, explicó.

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Trayectoria, no cantidad

De acuerdo con el experto, esto significa que una temporada puede ser igual de activa o incluso más, en número de ciclones, pero con menor impacto directo o indirecto sobre Costa Rica.

Castillo señaló que el patrón espacial cambia de forma importante durante estas fases climáticas.

“Durante épocas de El Niño, las trayectorias de los huracanes tienden a quedarse en el Atlántico. Por el contrario, con La Niña ocurre el comportamiento opuesto, los sistemas penetran con mayor facilidad en la cuenca del Caribe y aumentan las probabilidades de afectar a la región centroamericana”, indicó.

Este cambio de trayectoria es clave para entender por qué Costa Rica puede experimentar menos lluvias durante eventos de El Niño.

Castillo explicó que lo normal para una temporada son 14 sistemas con nombre, de los cuales 7 llegan a ser huracanes y menos de 3 huracanes mayores.

Sin embargo, lo que ocurrió en años anteriores fue:

  •  2022: bajo condiciones de La Niña, la temporada de huracanes cerró con 14 sistemas, 8 fueron huracanes y dos huracanes mayores. Generaron un superávit de lluvias en Costa Rica, el número total de eventos no fue extraordinario sino entre el promedio.
  • 2023: con presencia de El Niño, se registró una temporada más activa del promedio con 20 sistemas, 7 fueron huracanes y de ellos tres de categoría mayor. Sin embargo, la mayoría permaneció en el Atlántico, lo que provocó un déficit de precipitaciones en el territorio nacional.

“En el caso del Niño del 2023 tuvimos una temporada muy activa mucho más que el 2022 en número de eventos, pero con poca afectación en Costa Rica porque no ingresaron al Caribe”, reiteró Castillo.

Trayectoria de los sistemas en el Atlántico bajo fases La Niña y El Niño. (Foto cortesía).

Menos lluvias y más calor

Además del cambio en las trayectorias, el fenómeno también influye directamente en las condiciones climáticas del país.

Durante una fase de El Niño, el fortalecimiento de los vientos alisios favorece cielos más despejados y una mayor incidencia de radiación solar.

“Esto se traduce en temperaturas más altas de lo normal y una reducción en las precipitaciones, especialmente durante el segundo semestre del año”, indicó

Además, este escenario contrasta con lo que ocurre durante La Niña, cuando los sistemas ciclónicos se posicionan con mayor frecuencia en sectores como el Golfo de Honduras, lo que incrementa las lluvias en el país.

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(Foto archivo/El Observador).

¿Qué se espera para el 2026?

De cara a la temporada de huracanes 2026, que inicia el 1.º de junio, los pronósticos no muestran un consenso claro sobre la cantidad de sistemas que podrían formarse.

No obstante, Castillo considera que la actividad podría mantenerse dentro del promedio climatológico.

“Podríamos tener alrededor de 14 sistemas nombrados, siete huracanes y tres huracanes mayores”, estimó.

Sin embargo, insistió en que más allá del número, lo determinante será la trayectoria de estos sistemas.

Bajo condiciones de El Niño, se prevé que la mayoría permanezca en el Atlántico y que pocos logren ingresar al Caribe, lo que reduciría su impacto en Costa Rica.

Aun así, el experto recordó que la presencia de altas temperaturas en el océano Atlántico podría favorecer procesos de intensificación rápida en algunos ciclones.

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